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Terra
La Coctelera
12

Más de los demás

Desde aquí parece ligero.

Gritar un desgarro desde dentro de un círculo en medio de otros, parece ligero.

Yo también quiero exhibirme, mostrarme cuando vienen malas.

Yo también quiero romperme al ritmo de miradas de otros.

Yo también quiero medir en público la herida y recontar los asombros y los duelos.

Yo también quiero una confortable cama de consuelo

y un colchón de admiraciones, por lo valiente,

por lo fuerte,

por lo suficiente que siempre estoy siendo.

Yo también quiero creer que, si es plausible, cualquier fractura acabará soldando.

Yo también quiero tenerme de testigo

para jurarme que no habrá quien me baje la cabeza

mientras haya quienes sumen mis pedazos.

Cuando vienen buenas no me acuerdo,

pero la próxima vez que me destroce

intentaré recordar lo mucho que deseo ser más de otros,

más de los demás,

no sólo en lo bueno.

6

La buena meta

Y habiendo cumplido con parte de lo que se esperaba, paró y miró alrededor para comprobar que lo había conseguido.

Nadie a sus flancos. Nada a su frente. Todo quedaba detrás, a su espalda.

¿Alguien que preste un trozo más de camino? ¿Alguien que lo trace? ¿Alguien que obligue?

Y habiendo comprobado que no contestaba nadie pues nadie había para escuchar, se dejó tender sobre esas dos calmas bien ganadas: la de haber cumplido con parte de lo que se esperaba y la de no esperar ya tener que cumplir con nadie.

Meta alcanzada.

Adiós, le dijo a su espalda, y también la dejó atrás.

6

Por todos los santos

Igual que hay soledades que dependen de una sola ausencia, hay celebraciones que con todos menos uno, se vuelven tristes como funerales y solemnes como inhumaciones.

Hay fiestas en las que vestirse de boda y de alegría no sirve de nada porque lo que toca es ir detrás de un duelo. Entonces las galas se vuelven disfraces y la música cuchillos que rompen el pecho sin ningún permiso; las risas suenan a burlas de payasos y los cohetes a tiros por la espalda.

Así que, hay fechas en las que sólo queda dejarse llevar y mentir diciendo que la emoción te enmudece de pura alegría, o esperar ese día al año en el que la generosidad de todos los santos da permiso para llorar. Ésa es la mejor forma de camuflarse entre las fechas rojas mientras se espera la vuelta de los otros días; los días normales, los días grises de cosas iguales, esos días amables que no obligan a celebrar ni a elegir de qué vestirse ni cómo mentir. Los tranquilos días de nada.

Igual que hay músicas que se quedan en la puerta esperando otra fiesta para la que tocar, hay quienes se agazapan al pie del calendario a esperar a que el mundo se canse de organizar festejos, para poder respirar en paz.

Y es que, hay fechas que al no poder ser celebradas, se convierten en sentencias.

18

La mirada del Tritón

Hay un cuento que debería haber estado aquí desde hace mucho, porque es en este espacio donde nació. Éste es el cuento y, sin lugar a dudas, éste es su sitio:

"Hace tantos años como veces se ha recordado esta leyenda, un Tritón descendiente del primero y conocedor del destino que todos los suyos habían compartido, decidió darle la espalda a su estirpe y no reparar nunca en las Nereidas.

Consiguió que su naturaleza le obedeciera cada vez que su azulada cabellera se erizaba por el canto de alguna sirena, cerró sus fieros ojos a los destellos de sus colas y no volvió ni una vez su olímpica cabeza al compás de las estelas que sus cabellos dejaban entre las olas.

Y así la voluntad reinó la mitad de su vida, hasta que en un ocaso de especial belleza, el Tritón se fijó en una sencilla figura. Era una solitaria mujer temerosa de las profundidades que buscaba en la orilla cantos rodados para adornar su hogar. Se permitió contemplarla, pues no vio nada en ella que pudiese recordarle ningún pasado del que huir. Cuando pudo salir de la contemplación, el Tritón se había acercado tanto a la orilla que la mujer reparó en su presencia sin tiempo a camuflajes.

Entonces, la mujer lo observó y vio a un Tritón desconcertado de mirada de agua limpia y expectante, y sonrió admirada desde su dulce asombro. Por eso y no por la belleza, pudieron seguir acercándose despacio hasta tocarse sin recelo, porque ni la resistencia del Tritón ni la desconfianza de la mujer, tuvieron cabida en esa escena.

Así fue cómo la voluntad legendaria del hijo de Neptuno y la reserva atávica de la hija de Eva, fueron vencidas en un instante de amor. Y así fue cómo el tritón se convirtió en Hombre y la mujer en Sirena y pudieron recorrer juntos todos los mares y todas las tierras."

* Basado, ligeramente, en la antigua leyenda nórdica de “Inés y el Tritón" y dedicado al mejor de mis sueños y a la más vitalista de mis realidades.

24

Sueño de inmortalidad

Por fin he soñado dormida lo que despierta deseo.

Daos la mano y rodeadme. Cerraos sobre mí y estrechaos para circundarme. Estrechadme, avanzad hacia mí y que todo vuestro círculo sea el abrazo. Abrazadme hasta que salga la última de las gotas amargas que seguro serán las primeras. Dejad que se evaporen y después seguid. Oprimidme contra vuestros pechos para que pueda derramarme entera y, de haberlas, bebeos las gotas dulces; sobre todo no desperdiciéis ninguna que os pueda agradar, si las hubiese. Llevadme entonces y disolvedme entre lo vuestro para que pueda volver a empezar.

Hacedlo.
Abrazadme.
Queredme.

Así ha sido mi sueño; ése es mi deseo.

14

Lo que no se da, se pierde

Todos los días se me pierden palabras. Todos los días se me salen del bolsillo dos o tres buenos comienzos de historias. Todos los días se me escapan los tiempos en los que alguien tendría nombre y destino. Todos los días olvido lo que iba a escribir ayer en cuanto que pudiese.

Quién sabe, quizá algún día dé la media vuelta y regrese. Quizá algún día frene en seco mi tic tac y desande con calma lo andado corriendo. Quizá algún día encuentre todos los cuentos que se me han ido escapando por las prisas y vuelva a recordarlos, y los escriba.
“Entró una mujer antigua en una habitación nueva…”

Todos los días se me cae un trozo de alma de las manos; todos los días se me pierde.

10

Gustos y disgustos

Mi dulce amiga Abril-Ale, a quien entre otras cosas debo el recuerdo de la dignidad que no puedo permitirme perder por nada, me ha propuesto un meme que me apetece mucho hacer. Me ha hecho mucha ilusión que se acordase de mí y me encargase contar seis cosas que me gusten y seis que no me gusten. Pero para cumplir las normas del meme que luego enumeraré, necesito seis amigos a los que pasar después esta tarea.

En Julio hizo dos años que estrené este blog. Me hubiese gustado mucho haber hecho una especie de artículo-cumpleaños, como una fiesta de papel, o algo así, pero después de pensarlo bien decidí no hacerlo; seguramente la celebración habría parecido un funeral porque el conjunto de ausencias iba a pesar demasiado. Hay que ver cómo y cuánto se echa de menos a los amigos ausentes.

Aquí es donde me sirve perfectamente de excusa este otoño con vida propia, que me dicta apetencias y necesidades ineludibles. Esta brisa que ha dejado de ser caliente me susurra sin parar que ya ha llegado el tiempo de unir, de agrupar, de recoger todas las fotos y guardarlas en el mismo álbum.

Bueno, a lo que iba, que sumando amigos para hacer el meme de Abril-Ale, de repente me pareció hermoso compartirlo con los que están desde ese principio no celebrado y con los nuevos amigos del blog de Vanitas.  A los demás los excluyo porque sé que, por distintos motivos, me agradecerán mucho que no los comprometa en esta tarea (panda de vagos).

Y ahora, las reglas del meme:

1. Poner las reglas en tu blog 2. Compartir seis cosas que nos gusten y seis que no nos gusten. 3. Elegir seis personas al final y poner los enlaces. 4. Avisar a estas personas dejando un comentario en sus blogs.

2. Mis gustos y disgustos son estos (seguimos sin orden definido):

Me gusta bailar, con o sin música, sobre todo cuando parece que nadie me ve. Nadar y jugar con el agua como si fuese la alumna favorita de Esther Williams. Estar con los amigos y pasar horas charlando o jugando a cualquier cosa, o viendo pelis o riendo o llorando, pero juntos, como siempre. Conocer gente, sitios y cosas nuevas, y no necesariamente moviéndome ni viajando, y si es a través de un libro o una película, estupendo. Compartir mesa y tertulia con buena gente. Y charlar con mi hijo; cada vez me gusta más charlar con él.

No me gusta que se creen expectativas con respecto a mí. Me disgusta la gente que ha nacido con un juez dentro y un traje de policía de repuesto. Dar por hecho, prejuzgar, quedarse en los titulares, no indagar con cuidado, prestar más atención al vestido que al cuerpo… me fastidia mucho que la medida sea una apariencia. La crueldad, por acto o por omisión, abomino la crueldad. La indiferencia, me molesta de forma exagerada la indiferencia (uno de estos días me lo hago mirar). Y las ostras, que lo siento en el alma, pero me dan un asco terrible.

3. Así que… (sin ningún orden ni concierto), propongo a:

Unsolete, gracias por tu sinceridad, tu delicadeza y por la sonrisa inevitable que me aparece cada vez que saludas.

Deliciosa-Cata, gracias por tu ímpetu, tu honradez y tu firme compañía (por las risas, también, por todo).

Nosequiensoy, gracias por tu paciencia y tu dulzura, y por los cuentos que algún día me regalarás.

Supernova, gracias por tu alegría, tu magia y tu ternura. Es una gozada tenerte como amiga.

Mystery, gracias por tu inagotable energía y por la bondad de todos los regalos que nos haces.

La Isla Bonita, gracias por hablar a través de imágenes y palabras limpias, y por la frescura con la que os comunicáis.

Sortilegios y Memorias, gracias por tu reciente amistad y por lo mucho que apetece mantenerla.

Por favor, encantos, ¿queréis compartir seis gustos y seis disgustos? ¡¡¡Bien!!! Habéis dicho que sí, ¿verdad?

Ah, para entrar a conocer sus blogs, sólo tenéis que pinchar encima de sus nombres. No os riáis, que yo esto hace dos años no me lo sabía; por no saber no sabía ni lo que era un blog.

4. Allá voy.

A esto le llamo yo amortizar el tiempo, dos artículos por el esfuerzo de uno.

7

Nada se detiene

Tú dices Basta
y yo paro en seco.
Te obedezco.
Te obedeces.
Ninguno de los dos se mueve.

Pero nada se frena, nada se detiene.

Nos caen desde el maletero todas juntas las nostalgias.
Se nos viene encima una avalancha de lágrimas.

Seguiremos quietos.

Yo sé que maldecimos
los dos tu Basta.
Tú sabes que yendo hacia ninguna parte
pesamos menos.

Ambos sabemos.
Ambos nos decimos:
aguanta, mi vida, ten paciencia
y no pienses. ¿Quién sabe?
Quizá todo sea liviano
cuando pase el tiempo.

Quizá llegue el instante
en el que no nos acordemos
ya casi
de la locura que hace
que aunque ninguno se mueva,
nada se frene,
ni nada se detenga.