Categoría: Cartas a Shaun
4 Octubre 2007
Mi querido Shaun:
Mi querido y añorado Shaun. Hace bastante tiempo que no te escribo, eso es lo de menos, lo de más es el tiempo que hace que no te tengo conmigo. Hoy no sé en qué imagen buscarte para elegirte como antes. Hoy en cualquiera de tus miradas hay distancia y cualquiera de tus gestos parece de despedida.
No consigo hacerte sitio últimamente. Estoy a punto de renunciar a seguir intentando que surjas reinventado, como antes, del principio de una historia, una de esas historias que como las buenas películas, se van rodando por sí mismas. Ni siquiera consigo, por mucho que me concentre, situar tu cara en ninguna de las viejas historias. No doy contigo, ni casualmente por la calle, ni de las manos de amigos que te presenten, ni por obra y gracia de algún incidente. Te me vas a la segunda escena y no hay forma de retenerte ni aunque me esfuerce. Antes eras tú el que llegaba sin llamarte y cualquier rato era propicio para aparecerte. ¿Qué está pasando con mi fábrica de historias? ¿Qué pasa conmigo?
Sé que estoy ocupando muchos de mis huecos, que los vacíos son más breves que cuando te inventé, pero no son menos hondos ni menos ciertos. No puedo perderte Shaun, todavía no puedo deambular por mi día a día sin tu compañía, aún no puedo abrir los ojos sin que las calles me parezcan gigantes y las casas inmensas y mi cama insoportable. Sacúdeme todo lo que me estorba, hazte paso entre esta absurda realidad como otras veces y vuelve a tu sitio, justo aquí mismo, a mi lado.
Mírame Shaun, reconóceme y demuéstrame que existo, ¿no ves como aprieto con fuerza los ojos y la voluntad para evitar que desaparezcas? Te coloco delante de todo lo mío para no perderte de vista, para no hacerle caso a lo que quiera que haya al otro lado de mis párpados... pero te resistes a fijarte en mi mirada, te me escurres una y otra vez como si ya no fueses mío. Y si es verdad que me he quedado sola, ahora sí que no sé qué voy a hacer conmigo. Si no me devuelves la vida que me he inventado, me perderé mucho más de lo que nunca me he perdido. Porque tengo muy pocos recuerdos de vida así, a secas, y son todos muy antiguos, y no sé si es pereza, o miedo, o todo junto, pero no quiero Shaun, no quiero intentar caminar como la gente, no quiero una normalidad que no he pedido, no quiero renunciar a lo único que es realmente mío.
Tampoco quiero despedirme de tí, ni siquiera hasta la próxima. Tengo tanto miedo, que no me atrevo a escribir un adiós en esta carta de mentira, por si al final la despedida fuese cierta.
Mírame Shaun, mírame y sonríeme desde cualquier imagen. Aparece otra vez al principio de una historia, de la mía, y haz que tenga sentido.
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4 Octubre 2007
Mi querido Shaun:
Ya sé que en este momento tengo nombre y también sé que no por mucho tiempo. Justo lo que dure el recorrido de tu vista por estas líneas, hasta la palabra que me despida. Después, seré otra vez el punto de una idea, alguien que sumar a un montón de desconocidos. Aprovecho mi momento, este ratito de existencia, para empezar a saldarte mi cuenta y contarte porqué has sido tú el elegido. Por cierto, hoy he decidido escogerte de buen talante, bonachón, amable como muchos pero, sobre todo, atento. Le hablaré a esos hermosos ojos grises de párpados caídos que, sin perder la sonrisa, escuchan con toda su atención.
Cuando te miro se barren solas todas las dudas. Te escogí para esto, para que cuando lo necesite me recuerdes lo que no quiero, para que al mirarte, sea cual sea tu gesto, los castillos de naipes vuelen y vuelvan al rincón de lo inadecuado. Tu trabajo no es fácil, mi lista empieza al revés: descartando lo que quiero, que nunca sé lo que es. Quedan entonces muchos “no quiero” que reorganizar y montones “no me apetece” que siguen jugando al escondite. A veces olvido cuáles son necesarios y cuáles no y entonces empieza el disparate. Desaparecen de la lista y no me doy cuenta, hasta que noto la mala digestión; entonces sé que me he tragado algo que no quería, o que no me apetecía y que no era necesario. Un día pensé, ¿qué mejor vigía que él, que no puede estar más lejos? Porque mucha distancia necesito para vigilar que no se me escape nada de la lista y yo no puedo alejarme tanto. Tu distancia es un tesoro, Shaun, no podría encargarle esto a nadie a quien, tarde o temprano, tenga que dar las gracias o pedir por favor o decir lo siento. Si no puedo pagarte ni deberte, estoy a salvo de mis trampas y, ya sabes que no es fácil no usarlas cuando se vive a caballo entre mendigar afectos y desperdiciar amores. Pero tengo que decirte que desde que me vigilas, mucho he avanzado. Y no es que no siga mordiendo con frecuencia algún bocado que no sé dónde esconder mientras finjo que mastico, pero ya hay muchos de esos que no me trago. Poco a poco. Tú sigue en tu garita sin moverte que algún día llegaremos a ese “gracias, pero no me apetece” sin explicaciones ni disculpas. Ese día habrá que celebrarlo.
Bueno, ahora ya sabes porqué eres tú y no otro. Espero que no te sientas defraudado. No, seguro que entiendes, seguro que conoces a más puntos que viven como los tramperos y se hacen un lío con las listas de la compra. Cómo me gusta que sigas sonriendo. Sólo por eso te mando otro beso. ¿Ves? Esto es lo bueno, puedo mandarte lo que quiera; no hay vuelta de correo.
Hasta pronto, quizá.
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4 Octubre 2007
Querido Shaun:
Llevo un rato mirándote. Tengo delante una de tus fotografías. Me he dado cuenta de que las elijo dependiendo de lo que busque en tí. En ésta no sonríes. Me miras fijamente, con una amabilidad condescendiente, a pesar del minísculo brillo de dureza de tu nariz. Las aletas de tu nariz están tensas, como si fueses a cambiar de expresión de un momento a otro. ¿Qué busco hoy? supongo que justamente esa condescendiente amabilidad.
Tiempos extraños Shaun. Tiempos de relojes fuera de hora o a punto de estropearse. Tiempos de querer cruzar antes de que cambie el semáforo. Muchos momentos a destiempo y a la vez. Tiempos de inoportunidades y de prisas para nada. Todas las voces del conejo de Alicia empujándose unas a otras para ver quién suena antes, que da igual, porque total, la primera ya llega tarde.
Debería contestar a lo que me preguntas desde detrás de tu amable rostro, desde el matíz de tu perfil en el segundo antes de dejar de contenerse ¿Que por qué no te he escrito antes? ¿Cómo quieres que lo sepa? ¿Por qué no rompí antes los espejos que me devolvían un reflejo ajeno? ¿Por qué he tardado tanto en dormir sin abrazarme a algo? ¿Por qué la mitad de las cosas no las hice antes y la otra mitad mucho más tarde? Por lo relojes, supongo. Por los relojes que no oímos; por los calendarios que no sabemos leer. Supongo que los tiempos son cuando pueden ser y no antes, ni después.
Estás a punto de cambiar de expresión y no tengo ganas de ver la siguiente. No es momento de preguntas cuando no hay respuestas; relaja tu nariz y estrena sonrisa en la próxima.
No pienso esperar a que llegue el tiempo de los besos para mandarte otro. Espera tú si quieres y consérvalo hasta entonces.
Septiembre 2006
servido por MiLady
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4 Octubre 2007
Mi querido Shaun:
Imagino tu sorpresa, aunque esta primera carta, esta primera sorpresa, podrías haberla recibido hace más de un año. No bajes todavía las cejas, déjalas arqueadas y te ahorrarás dos movimientos porque, antes de seguir, quiero que sepas que ésta y las cartas que pueda escribirte en adelante, posiblemente sean publicadas en un blog. No te intranquilices, tu intimidad está a salvo. Nadie sabe quién eres y, en el improbable caso de que consiga incluir una fotografía tuya, no será ninguna en la que se te pueda reconocer.
Espero que no te preguntes por qué hago pública esta correspondencia, te quedarías con la duda sin resolver. Como de costumbre, no tengo una respuesta, no una sola ni suficientemente clara. Supongo que las muchas razones por las que me es necesario sacarte a pasear más allá de mi mente y mi escritorio, son las mismas que, desde hace poco, impulsan otros asuntos de mi intimidad fuera de mis secretos confines. ¿Necesidad curativa o enfermiza de escribir desde siempre? Claro que no, eso puedo seguir haciéndolo en privado como hasta antes de estrenar el blog. ¿Hambre insaciable de nuevas vías de comunicación que sumar a las de siempre, nuevas vidas, nuevos nombres, nuevas compañías? Quizá haya algo de eso, siempre tengo hueco para nuevas bienvenidas, aunque sea algo insensato por mi parte, con tanto como tengo pendiente con los viejos amigos. ¿Vanidad? Vamos acercándonos, posiblemente sea uno de los trozos grandes de este pastel. Pero hay otra idea, otra sensación, que de momento se está llevando el primer premio: Realidad. Con esta moderna alquimia, lo que sólo existía para mí, ahora que es un poco de otros, ha dejado de ser ficticio para a ser real. Así que puede que sólo esté intentando convencerme de que existo más allá de mi imaginación. No pongas esa cara, ya te dije que no tenía respuestas claras.
Lo que sí tengo, es una razón concreta para empezar a escribirte ya sea en privado o en público. Después de casi año y medio de tenerte presente todos los días y de hacer de tu imagen la semejanza de una compañía, es hora de que sepas cómo y cuánto me perteneces. Y es hora de que yo compruebe cómo y cuánto de real eres.
Antes de despedirme por hoy, voy a estrenar valor y te mandaré uno de todos esos besos que no te he llegado a dar.
Hasta pronto mi querido, queridísimo amigo.
Septiembre 2006
servido por MiLady
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