Categoría: Conversaciones
4 Octubre 2007
- ¿Se puede saber qué estás haciendo?
- Lo que faltaba. Oye, esta situación ya es suficientemente incómoda, no la empeores.
- Ya, supongo que estar de rodillas con medio cuerpo metido en la basura no debe ser muy cómodo.
- No tengo medio cuerpo metido en la basura.
- ¿Ah no? Veamos: estás de rodillas, de eso no hay duda, junto a una papelera,¿o debería decir encima de ella?, es difícil escoger el adverbio.
- Vale ya.
- No, no, es importante precisar. Tu cabeza ha superado el borde circular superior de la papelera y se ha introducido en parte: la cara dentro y el resto de la cabeza permanece fuera, aunque no creo que por mucho tiempo. Los que llevan un buen rato sumergidos por completo “dentro” son tus brazos. Veamos, lo que hay dentro no hace la mitad así que, tienes razón, no tienes medio cuerpo metido en la basura, apenas un tercio.
- Vete al cuerno. ¿Vas a ayudarme?
- ¿Con este recibimiento? Ni en sueños.
- Pues desaparece.
- No quiero.
- Todo esto es culpa tuya.
- ¿Culpa mía? ¿Que rebusques entre la basura de una papelera en esta gasolinera, es culpa mía? Ni siquiera me consultaste cuando aceptaste este trabajo de mala muerte, ni los anteriores.
- Tú nunca estás de acuerdo cuando se trata de hacer lo que se debe hacer. Lo tuyo es soñar, ignorar la realidad, coleccionar buenos recuerdos para crear más sueños ¿no? Pues mira lo que tus fantasías han conseguido: nada, menos que nada. ¿Qué pasará si no encuentro ese maldito papel? ¿Cuál de tus películas vas a usar para salir de ésta? No tenía que haberte hecho caso nunca.
- Y no me lo has hecho…
- Ojalá hubiese podido ignorarte siempre.
- Ya empezamos.
- Yo habría podido tener una buena vida si no fuese por ti.
- Estás desbarrando.
- Tendría que haber acabado contigo en el mismo momento en que apareciste…
- ¿Con cinco años? ¿cuatro, tres…? Compartimos la misma vida, imbécil.
- No, tú me has robado mi vida, la has envenenado con tus ansias de libertad y me has convertido en lo que soy.
- ¡Oh! Pobre, pobre ser infeliz e insatisfecho por culpa de su imaginación. Yo podría acusarte de lo mismo, patética representación del deber; ten la seguridad de que yo ya estaba cuando tú apareciste, quizá has sido tú quien me ha robado a mí. ¿Sabes dónde estaría yo si no me hubieses amordazado en muchas ocasiones con tu asfixiante sentido de la realidad?
- ¿En el Paraíso de Los Locos? ¿O en un bonito y acogedor refugio para indigentes?
- Vete a la mierda.
- ¡Ya estoy en ella!
- Sólo un tercio… podrías zambullirte del todo en la papelera.
- Lo he intentado pero no quepo. No te rías, si te ríes me contagiarás. Si me pilla el encargado partiéndome de risa en esta postura junto a la papelera, se acabó, encuentre el papel o no, me echarán.
- Vale, me das pena, te ayudaré.
- ¿A encontrar el papel?
- Sí, pero hoy no. Mañana.
- Mañana, mañana… Es tu palabra favorita.
- No seas plasta. Tu turno se ha terminado hace rato y mañana llegarás mucho antes de que vacíen las papeleras. Además, no creo que el papel esté ahí.
- ¿No? ¿Y dónde puede estar si no?
- Hay varias posibilidades, pero no diré ni una palabra hasta que no te levantes y nos vayamos. Voy a enfermar si sigues un minuto más de rodillas.
- ¡Oh! Claro, la imaginación siempre tan digna.
- Y la realidad siempre tan humillante, aunque bien vestida, eso sí. Llevas un bonito traje.
- De acuerdo, pero prométeme que no es uno de tus trucos para zafarte del problema.
- Yo nunca prometo, ya lo sabes. Tendrás que confiar en mí.
- No me queda más remedio, empiezan a dolerme las piernas. ¿Tú no notas los años?
- Imposible, sólo los cumples tú. Yo incluso creo que he rejuvenecido.
- Sí, dicen que la vejez se parece a la infancia. Supongo que cuando entre en la tercera edad, tú habrás vuelto a la primera y serás quien mande.
- Lo estoy deseando.
- Qué narices tienes. Como si no hubieras mandado nunca. Soy yo quien ha tardado años en asumir el control.
- ¿Control? ¿A esto le llamas control? Venga, di hasta mañana y vámonos. Y sacúdete los pantalones que están hechos un asco.
- Vale, me voy a casa. Tengo un montón de cosas que hacer.
- Deberías descansar, has tenido un día difícil. Podríamos ir al cine, hay una buena cartelera.
- No empecemos.
- Yo sólo…
- Tengo bastante con tus propias películas, gracias, y lo único que tienen de bueno es que no pago entrada. ¿Dónde crees que puede estar el maldito papel?
- Hemos dicho mañana.
- Eres insoportable. Parecemos un mal matrimonio.
- Peor: un “dos por uno”. ¿Por qué es tan importante ese papel?
- No lo entenderías.
- Prueba.
Continuará...
servido por MiLady
sin comentarios
compártelo
4 Octubre 2007
- Te va a sonar a chino, pero vale.
- Mmhh... Oriental…Lo domino, sigue.
- Verás, es parte de una campaña. Trabajo para esa campaña. Se trata de conseguir socios, clientes, como quieras llamarlos. Tengo que hacer un mínimo a la semana si quiero conservar el trabajo y el papel que busco es la suscripción que necesito para salvar esta semana. No la encuentro, creo que la tiré por error a la papelera. Mierda.
- ¿Y no puedes hacer más clientes mañana?
- Es sábado, el último día y el peor. Los sábados rara vez consigo algo. Si no cumplo no me contratarán la próxima semana.
- Eso es una putada.
- Así están las cosas.
- Busca otro trabajo.
- Esto es lo que encontré buscando otro trabajo.
- Pues no habrás buscado bien. Tiene que haber algo mejor.
- Éste es de los mejores, no tengo que ir de puerta en puerta.
- Ya, es mejor de papelera en papelera.
- ¡Tengo Seguridad Social!
- ¿Seguridad?
- Te dije que no lo entenderías. Para ti todo esto debe ser muy raro, pero te aseguro que en mi mundo es de lo más normal.
- Para mí no hay nada raro. Sólo distingo entre agradable y desagradable y lo que cuentas es muy desagradable.
- Ya.
- Antes has dicho una estupidez, pero la has dicho como si realmente te la creyeras.
- ¿Qué?
- ¿Piensas de verdad que tú estabas tranquilamente analizando tu chupete cuando yo llegué de la nada?
- Es que fue así. ¿Qué? Esas carcajadas están de más y se nota que son forzadas.
- Es que no sé si reír o llorar.
- Mira, no tengo ganas de discutir y me da igual si llegaste después o ya estabas. Sólo sé que sin ti todo habría ido mucho mejor.
- ¿Cómo de mejor? Pon un ejemplo.
- Déjalo.
- No, no lo dejo. Me he hartado de escuchar continuamente tus reproches. Vas a tener que explicarlos o dejar de hacerlos. ¿Cuándo te ha ido mejor sin mí?
- He dicho que lo dejes.
- Y yo que no me da la gana. Me niego a que me sigas usando de excusa para aliviar tu triste sensación de derrota. ¿Quieres ese puto papel? Pues vas a tener que hablar conmigo, mejor, vas a tener que darle un buen repaso a esa vida tuya tan desgraciada por mi culpa y tendrás que escuchar cómo habría sido la mía si tú no la hubieses jodido los últimos veinte años.
- ¿Tienes una sobredosis de ensoñación?
- Tengo indigestión de chorradas. No pongas esa cara de asombro y arranca el coche de una vez que hace un frío que pela.
- Usa uno de tus sueños tropicales.
- No es fácil concentrarse a diez bajo cero.
- Creo que es la primera vez que te cabreas tanto.
- Para mí tampoco están siendo fáciles los últimos tiempos. De eso se trata.
- ¿A qué le llamas un buen repaso?
- A que sustituyas tus “siempre”, “nunca”, “todo” y “nada” por “cuándos”, “cómos” y “porqués”. Que dejes de generalizar tus dramas y los analices un poquito, a ver si los entiende “alguien”.
- ¿Y si no quiero?
- Te quedas sin papel.
- A lo mejor no vale tanto.
- Para mí, nada. Tú sabrás.
- Y, ese repaso que pretendes hacer…
- Que vamos a hacer.
- Vale, que vamos a hacer, ¿por dónde debería empezar?
- Por el primer hecho, en tu caso; o el primer sueño, en el mío.
- O sea, por el primer recuerdo, sea de quien sea.
- Sí, pero será mejor que empecemos cuando lleguemos a casa.
- ¿No te urge tanto?
- Es que vamos a ser tres y ya te cuesta bastante conducir bien cuando sólo hablas conmigo.
- ¿Tres?
- Si no queremos convertir esto en un lanzamiento interminable de acusaciones, necesitaremos un testigo imparcial.
- ¿Quién?
- Si todo se reduce a recuerdos, ¿quién mejor que la memoria?
- Pues lo llevamos claro.
- Eh, nuestra memoria no es muy buena grabando datos que no le interesan: nombres, fechas y todo eso, pero no creo que se le haya escapado ninguna de las grandes sensaciones que le hemos proporcionado, reales o imaginarias; ni las situaciones importantes o las emociones que han merecido la pena.
- Ni los sentimientos profundos.
- Ésos son cosa tuya. En cualquier caso, servirá.
- Le gustará intervenir.
- No creas.
- Que sí. Antes era muy vaga para buscar recuerdos que no fuesen inmediatos, pero de un tiempo a esta parte le ha dado por el pasado y trabaja como una loca.
- Dímelo a mí que a veces tengo que echarla a codazos para que me deje sitio. Estará envejeciendo, como tú.
- En ese caso debería debilitarse, como yo.
- Y se debilita, pero sólo en parte, ya sabes, los archivos prácticos.
- ¡Bien! Un sitio en la puerta.
Continuará...
servido por MiLady
sin comentarios
compártelo
4 Octubre 2007
- Deberías cambiar de coche.
- Claro, mañana mismo. Tengo suerte de poder conservar éste.
- ¿Cuánto tiempo tenemos? De tranquilidad, digo.
- ¿Desde cuándo tienes noción del tiempo?
- Desde que me dedicas poco.
- No sé. Supongo que tendremos la casa libre una hora, dos como mucho.
- Intenta no enrollarte, tendrá que ser un repaso rápido.
- Eso debería decirlo yo. Iré avisando a la memoria mientras me cambio.
- ¿No puedes dejar eso para luego?
- No soporto estar en casa con la ropa de calle. Tú puedes ir buscando tu primer sueño.
- Lo tengo a mano. No sé porqué vino a mí cuando te pusiste de rodillas delante de la papelera.
- ¿Por qué haces tanto hincapié en que estuviese “de rodillas”? No estaba suplicando ni adorando a nadie. No aguanto mucho tiempo en cuclillas.
- Podías haber conseguido un taburete, o una bolsa gigante para vaciar la papelera y buscar después, o...
- Tú podrías haber dicho eso antes si tan útil pretendes ser.
- Vale, vale. ¿Estamos todos?
- Espero serviros de ayuda.
- Seguro que sí memoria, gracias por venir. Bien, ¿quién empieza?
- A mí me da igual, va a ser una pérdida de tiempo.
- ¡Habló la razón!
- El sentido común, que viene a ser lo mismo.
- Tienes muchos nombres. Estoy en minoría, así que empezaré yo. Mi primer sueño, al menos el primero de los que conservo, es el de un pájaro enjaulado. No sé decir con exactitud a qué edad. Era un pájaro enorme, gris y marrón, apenas podía moverse dentro de la jaula. Yo busqué con mis manitas la puerta y la abrí despacio, muy despacio. A medida que la puerta de la jaula se abría, el pájaro se hacía más y más pequeño, hasta que pudo salir por ella y se alejó volando por el cielo. Antes de irse se posó sobre mi hombro y me dio un dulce beso en la mejilla con su pico. ¿Te suena de algo, memoria?
- No me acuerdo…
- Joder, lo sabía. Esto es absurdo.
- Déjala terminar.
- No me acuerdo de que se abriera la puerta ni de que el pájaro escapase. Era una perdiz, tu padre te la había traído de regalo en una de sus cacerías. Tenías dos años y estuviste todo un día mirándola y llorando hasta que se la llevaron, no sé a dónde. Lo siento, es todo lo que recuerdo.
- ¿Lo ves? ¿Tienes algún hecho relacionado con el pájaro?
- Perdiz.
- Perdiz.
- No, no tengo ninguno.
- Bien. Anota, memoria: dos años mi primer sueño. Te toca.
- El hecho más temprano que puedo contar está relacionado con una mujer rubia, de pelo largo, vestida de blanco. Me sentaba en un banco del parque y se comía mi merienda mientras yo la miraba. Creo que tenía también dos años. Por algún motivo nunca se lo dije a nadie y siempre que lo recuerdo me enfado por no haberlo contado.
- Típico en ti, te sientes mal tanto si haces lo que debes como si no.
- Hemos dicho que nada de acusaciones gratuitas.
- Perdona. Memoria, ¿cómo lo ves?
- Es un recuerdo muy nítido, hace poco que lo revisé. Esa mujer te trataba con brusquedad y tú te asustabas mucho. Esa niñera no duró demasiado. Tenías más de tres años, casi cuatro.
- ¡Tres años, casi cuatro! ¡Ja! ¡Un sueño antes que una realidad! ¿Quién desplazó a quién, eh?
- Ya te he dicho que no me interesa quién llegó primero y si vamos a discutir momento a momento nuestras vidas, no creo que acabemos antes de un año.
- Pues vayamos al grano. Buen trabajo, memoria.
- Hago lo que puedo.
- ¿Y cuál es el grano según tú?
- El momento, los momentos en los que las decisiones tomadas han sido las equivocadas, las que nos han ido trayendo de la mano, o de los pelos, hasta el día de hoy. Cuáles fueron esas decisiones y quién las tomó: tú o yo. En definitiva, sobre quién recae la responsabilidad de que estuvieras esta tarde en la gasolinera de…
- ¡De rodillas, sí! Ya lo has dicho mil veces.
- …buscando desesperadamente entre la basura un papel del que crees que depende tu futuro. Siento repetirme, no es lo mío, pero es necesario aclarar el objetivo de esta charla.
- No parece que lo sientas.
- ¡Mari! No sé si la mujer rubia se llamaba Mari, pero relaciono ese nombre con ella.
- Gracias memoria, es suficiente.
- De la que recuerdo perfectamente el nombre es de la joven que apareció en tu vida el día de tu cuarto cumpleaños: Carmen, un ángel…
- Sí, sí, no hace falta que sigas, gracias.
- Pues mira, tengo un momento, una decisión. No sé si fue la primera vez que metí la pata en serio, pero tuvo consecuencias definitivas.
- Tengo un montón de registros de Carmen y todos buenos.
- Ya, en otro momento memoria.
- ¿No queréis un resumen?
- Olvídate de Carmen.
- ¡No puedo!, fue muy importante.
- ¿Cuál? ¿Qué decisión?
- Cuando dejé de estudiar.
Continuará...
servido por MiLady
sin comentarios
compártelo
4 Octubre 2007
- Cuando dejaste de estudiar…Tiene gracia. ¿Y cuándo se supone que habías empezado?
- Quiero decir cuando dejé la universidad.
- Ingreso en Ciencias Políticas e Historia.
- ¿Cuál de las dos veces?
- Cualquiera de ellas. Mi situación no sería la misma si hubiese terminado mis estudios.
- ¡Premio al topicazo!
- Universidad… Sólo tengo Cafeterías…
- No es ningún tópico. Es mucho más difícil encontrar un buen trabajo si no puedes demostrar una formación.
- En tu caso es muy difícil, imposible diría yo, encontrar un buen trabajo, punto. Pero no porque abandonases las dos carreras que empezaste sino porque jamás has hecho nada que de verdad te interese, punto final.
- No intentes escurrir el bulto.
- ¿Y yo qué tengo que ver?
- Que si no me hubieras llenado la cabeza de tonterías, habría sido capaz de sentarme a estudiar con disciplina, como la gente sensata.
- Es el colmo. Óyeme bien, si me hubieses hecho caso, te habrías dedicado a cosas muy distintas a las que has hecho y cuando digo dedicado, incluyo la parte de la formación correspondiente.
- Lo que tú digas…
- Eh, dejaste de estudiar porque te aburrías soberanamente y la decisión de empezar a trabajar en seguida se debió a tus ganas de ser económicamente independiente, lo que en tu caso se tradujo por “que papá no me toque las narices” y te aseguro que eso no fue cosa mía. Vivíamos bien.
- Tú vivías bien.
- Como quieras, el ejemplo me viene al pelo. Memoria, por favor, busca ese momento.
- ¿Cuál?
- En el que le hizo saber a su padre su decisión de matricularse la primera vez, en Historia.
- Ciencias Políticas. Ésa fue la primera.
- Es igual. El momento en el que decidiste estudiar algo que no te fastidiase demasiado, en lugar de lo que te apasionaba. Hay muchos momentos anteriores pero éste es estupendo.
- Pues de esa Facultad, además de los registros de Cafetería, tengo un profesor de barbas muy serio que jugueteaba con una tiza todo el tiempo. Pero son sólo un par de imágenes.
- No memoria. La conversación con su padre.
- Yo no lo llamaría Conversación.
- Yo tampoco.
- Hubo una Pregunta y una Respuesta.
- ¿Qué pregunta?
- “¿Ya has decidido en qué te vas a matricular?”
- Respuesta:
- “Políticas. Es la que más salidas tiene.”
- Vaya mierda de respuesta.
- No, el cuerpo diplomático era una buena opción.
- Memoria, ¿qué estaba haciendo un minuto antes de esa “conversación”?
- No me acuerdo…
- Yo sí. Estabas en el escenario de un estadio abarrotado de gente. Uno de tus mejores conciertos.
- ¿Un Concierto? No tengo ningún Concierto en Estadios hasta mucho después, y no dejaban subir al escenario.
- Me temo que no tienes testigo para tu momento.
- No hagas trampas. Memoria, olvídate del minuto antes. ¿Qué solía hacer por aquella época cuando se encerraba en su habitación?
- No vale, no es el mismo momento.
- Pero es la misma decisión. ¿Memoria?
- Tenéis que esperar, la Habitación ocupa una barbaridad de registros: Juegos, Estudios, Reuniones, Discusiones, Sexo…
- Te lo pondré más fácil. ¿Qué hacía cuando no hacía nada de todo eso, o sea, la mayor parte del tiempo?
- A ver… Sí: encendía el radio-cassette, bajaba el volumen, sujetaba una linterna con una mano, se la acercaba a la boca y movía los labios poniendo caras raras sin dejar de moverse. Saltaba mucho.
- Daba conciertos.
- ¿Por qué bajaba el volumen?
- Para poder oír si alguien se acercaba a la habitación.
- Nunca llamaban a la puerta antes de entrar.
- ¿Por qué no cerrabas con pestillo?
- Porque estaba prohibido en casa.
- “No cierres por dentro, puede ser peligroso”.
- Todo el mundo se ha imaginado cosas por el estilo. ¿Y?
- Que tú no sólo lo imaginabas. Lo deseabas. Componías letras, melodías, los arreglos, cuidabas la iluminación, la escenografía… todo. Era un deseo con mayúsculas.
- Eras tú quien me empujaba.
- Yo no te necesito para funcionar. Cuando trabajo no tienes porqué moverte. Da igual si estás en la cama, en una silla o de pie; no te mueves, dejas que yo me ocupe de llenar tu tiempo y nunca ha parecido disgustarte.
- ¿Perder el tiempo con ensoñaciones absurdas?
- Vivir otra vida, aunque no sepas apreciar ninguna de las dos. Eras tú quien querías dedicarte a la música, yo sólo te ayudaba a darle forma a tu deseo.
- No, no. Recuerdo perfectamente los impresos de Solicitud de Matrícula, los miraba una y otra vez y nunca pidió el Ingreso en ninguna carrera de Música, ni siquiera como últimas Opciones.
- Nunca has sido tan feliz como en aquel escenario, confiésalo.
- Tengo que insistir en que cometes un error. Estoy llegando a los Cuestionarios Escolares y no aparece nada ni en el apartado de Aficiones…
- ¿Qué ponías en aficiones?
- Qué mas da.
- Natación y Lectura. Sí, Natación y Lectura.
- Así que jamás tuviste el valor de confesarlo. ¿Ni siquiera a tus amigos?
- Vais muy deprisa, esperad… Conversaciones, Conversaciones Íntimas…
- No te molestes memoria. Ni siquiera a mis amigos.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Supongo que porque era algo ridículo, nunca lo consideré como una posibilidad.
- Ya. Pensabas que era cosa mía.
- Sí, como lo de los salvamentos heroicos, las historias de amor imposibles o los mundos inexistentes.
- Pues no fui yo quien se cargó la linterna haciendo acrobacias con el micrófono.
- Dos linternas. La “De regalo con las pilas” también se acabó rompiendo. Tu madre se enfadó más con la segunda, aunque había sido Gratis.
- ¿Y qué más da si lo dije o no? Era una tontería, hubiese sido un fracaso. Yo, viviendo de la música, ¡ja!
- En el campo de Halagos hay muchos registros sobre tu buen oído y las canciones que inventabas con la flauta. Los hay desde los cinco años, alguno anterior incluso…
- Hay millones de personas con buen oído.
- Aprendiste a tocar la guitarra sin ayuda.
- Eso no significa nada.
- Nunca lo sabrás y es una pena. Me hubiese gustado trabajar contigo en eso.
- ¡Lo he encontrado! Sí, hay recuerdos de Estudios Musicales.
- El año de piano en el colegio no cuenta.
- Había un piano, en efecto, pero tú no llegaste a tocarlo. Permanecías de pie delante de él mientras una señora muy antipática te hacía repetir una y otra vez las notas con la voz.
- Solfeo.
- “Aproximación a la música” se llamaba. Hay un fuerte olor a ajo relacionado con la señora.
- Señor, qué coñazo.
- Así que renunciaste por aburrimiento.
- La señora te daba una palmada en la mano cuando te equivocabas. Muy Antipática.
- ¿Por qué no probaste en otros sitios?
- Al año siguiente dije en casa que no quería seguir y nadie dijo nada. Tampoco a mí me parecía tan importante como para insistir, ¿para qué?
- Entonces renunciaste por miedo.
- Yo creo que fue por el ajo.
- ¡Qué más da! ¿Qué tiene que ver eso con no haber seguido estudiando Políticas?
- Mucho. Me gustaría que contestases con sinceridad a una pregunta: ¿crees que yo tuve la culpa de que no te tomases en serio la música?
- No.
- Pues si no me culpas de no haber estudiado lo que te gustaba, no lo hagas con el resto.
- No es lo mismo. Cada vez que abría un libro aparecías para distraerme con tus bobadas.
- Yo sólo aparezco cuando me llamas y me llamas cuando no soportas lo que tienes delante. No recuerdo haberte “invadido” mientras prestas atención a algo, ni siquiera cuando lo haces por pura conveniencia y no por interés.
- ¡Venga ya!
- Memoria, ¿algún dato de reuniones o cursillos de trabajo interrumpidos por falta de atención?, ¿alguna amonestación por distracciones?
- Te estás pasando.
- Te advertí que no ibas a poder seguir acusándome sin demostrar lo que dijeras. Estamos en ello.
Continuará...
servido por MiLady
sin comentarios
compártelo
4 Octubre 2007
- Saltáis muy deprisa de un tema a otro. Asuntos Laborales… son muchos años de Trabajo y muchas Empresas diferentes…
- La constancia no parece tu fuerte. ¿Culpa mía también?
- Seguramente.
- Más de cincuenta. Acusaciones de Inconstancia, me refiero. De las Faltas de Atención en Asuntos Laborales no hay nada de momento, pero sigo buscando.
- No es cierto que te llame. Yo no te he llamado esta tarde.
- Sí lo has hecho. Has acudido a mí para que te ayudase a encontrar tu papel, pero me he negado y te has enfadado.
- Me encanta cómo lo cuentas. De verdad, admiro la facilidad que tienes para lavarte las manos. Es cierto, nunca me he dedicado a nada por lo que sintiese auténtico interés. ¿No se te ha ocurrido preguntarte por qué me cuesta tanto interesarme por lo que no es extraordinario? ¿Por qué crees que no me fijo en nada ni en nadie que no esté envuelto en papel brillante y prometa ser un misterio aún después de desenvolverlo?
- Ha habido otras cosas además de la música.
- Claro: fotografía, pintura, escultura… Todo muy útil.
- Habrías disfrutado en Bellas Artes.
- Intereses de Siempre… Artes Ocultas, Viajes Astrales, Ufología…
- ¿Parapsicología? No entra en mis competencias.
- Me da igual lo hábil que seas, no vas a ganar esta discusión.
- No quiero ganar nada, con no perder más me conformo.
- ¿A no? ¿Entonces de qué va esto? ¿Para qué te quejas de que nunca te he escuchado, de que vives cada vez con menos espacio, de que te desperdicio, que te ves en la obligación de recluirte en un pequeño rincón sin ventanas?
- Ese lenguaje es mío.
- ¿Sabes por qué quiero enviarte definitivamente al infierno?
- Veréis, en Fotografía hay bastantes recuerdos que creo que deberíais repasar…
- ¡Ya está bien memoria! ¿Por qué? ¿Por qué quieres hacerme desaparecer?
-¡Porque has hecho que nada de lo que existe sea ni la mitad de bueno que lo que inventas para mí!
- Francamente, no me parece correcto que me convoquéis a una reunión para no dejarme intervenir. Si no me necesitáis, será mejor que me retire, me habéis hecho revolver un montón de archivos y tengo mucho que ordenar.
- No, espera… Perdona, perdona, claro que te necesitamos. Haremos una cosa: no busques nada que no te pidamos. Así podrás descansar un poco y cuando nos haga falta tu ayuda te lo haremos saber. ¿Te parece bien?
- Bueno, yo tampoco quisiera intervenir sin necesidad, desde luego. Pero por otro lado, si me seguís precisando mi obligación es quedarme. Avisadme cuando requiráis más datos.
- Perfecto, muchas gracias. Decías que…
- Decía que esto es muy cansado y que no lleva a ninguna parte.
- No, decías que no te gusta tu vida, que nunca te ha gustado. Sigue.
- A la mierda el papel. No quiero hacer este repaso, no quiero ir analizando las decisiones que he tomado, no quiero saber si eran buenas o malas; no quiero pensar ni que tú imagines lo que podría haber sido, ni qué posibilidades se han quedado atrás; no quiero sentirme culpable, ni víctima, no quiero saber, no quiero…
- ¡No! no llores… tienes Llanto por Sufrimiento a rebosar, ¡no cabe ni un registro más! Huy, lo siento…
- ¿Quieres que te distraiga?
- ¡No!
- Está bien, sigue llorando pero escúchame. No pretendía ser cruel contigo. Al principio tú y yo nos llevábamos bien, incluso te llenaba de orgullo que te felicitasen por mí, pero los últimos años te has empeñado en echarme la culpa de tus problemas y ahora hasta reniegas de mí y me evitas como si fuese la peste, tu peste. No es justo, no es cierto y debes saberlo. Si sigues así acabaré por desaparecer, o peor, enfermaré y te haré enfermar, y entonces sufrirás mucho más aún. No pongas esa cara. Sin mí tu vida sería insoportable y, aunque no quieras reconocerlo, lo sabes.
- Dime la verdad, ¿crees que si me hubiese tomado en serio la música ahora sería felíz?
- ¿Quieres que yo te hable de La Verdad?
- Sólo esta vez.
- Me acusarán de intrusismo.
- Por favor…
- Está bien. No se me ocurre que hayas podido hacer nada que no hayas hecho, ni que hayas renunciado a nada que estuviera realmente a tu alcance.
- O sea, que no he dejado pasar ninguna oportunidad ni he tomado ninguna decisión equivocada. ¿Es un concurso de chistes?
- ¡No! Sí que lo has hecho y con frecuencia. Digo que no has elegido ni dejado de elegir nada más que lo que has podido, que es distinto.
- Eso es lo mismo que decir que nunca he podido elegir.
- Exacto.
- ¡Genial! Si eso es cierto, tampoco podré elegir a partir de ahora. Ya me siento mucho mejor. ¿Qué sentido tiene entonces esta conversación?
- Bueno, ahora tienes más información, si conseguimos completar el repaso, quizá seas capaz de cambiar tu punto de vista, quién sabe, puede que por fin quieras asimilar lo que has vivido hasta hoy. Eso aumentaría tus posibilidades de elección en el futuro, aunque siempre te condicionará tu personalidad, claro, y no hay que olvidar las circunstancias, ni la educación, la salud… ah sí, y la genética.
- Para ser en esencia libre, te noto un pelín determinista. ¿Y qué pasa con la esperanza, dónde encaja?
- No es asunto mío. Creo que tiene que ver con la fe en la suerte. Tendrías que preguntarle al espíritu.
- No hablamos mucho últimamente.
- Pues quizá te animase un poco.
- No sé, lo que dices suena demasiado realista hasta para mí.
- Me alimento de realidades, no lo olvides. Las recopilo, las mezclo, las deformo y juego con ellas; ése es mi trabajo. Sé que no te apetece reconocerlo, pero soy muy útil; imprescindible.
- ¿Para ofrecerme una vista panorámica de lo que no podré vivir?
- Para hacerte más agradable la espera en el dentista, por ejemplo.
- Imprescindible, desde luego. Una pena que haya revistas.
- Seguro que las revistas te cuentan también soluciones ingeniosas para los problemas de tus trabajos y recursos originales para que tu casa funcione mejor, o cómo conservar la chispa de tus relaciones.
- Pues mira, sí. Al lado de las recetas de cocina exótica.
- Ya. Siempre han dicho de ti que eras una persona de recursos, incluso cuando no leías revistas.
- Es lo menos que podías hacer.
- Y lo único que necesitas, por lo que veo.
- Es que no sé de qué me sirves cuando me sumerges en historias de las que luego no quiero salir. Me trasladas a tus mundos y sí, vale, es genial, pero volver a la realidad cada vez duele más. No me compensa, no me ayuda, al contrario.
- Es posible. No puedo sentir como tú y no sé de qué te sirve esa parte de mí. Quizá deberías usarme mejor, no lo sé, pero no puedes quedarte sólo con un trozo; si renuncias a lo que dices que no te sirve, lo perderás todo.
- Así que si decido despedirte, mañana no encontraré el papel, por ejemplo.
- Tienes que dejar de ser tan simplista. Si me echas, quizá no puedas reconocer tu próxima oportunidad, éste sí es un ejemplo. Para lo del papel no me necesitas.
- ¿Cómo que no?
- No. Es cosa de la memoria.
- ¿Qué?
Continuará...
servido por MiLady
sin comentarios
compártelo
4 Octubre 2007
- ¿Cómo que es cosa de la memoria?
- Pues claro. Memoria…
- ¿Me has estado mintiendo todo el rato?
- No. Tú mientes, yo sólo ilusiono.
- ¿Para confundir?
- Eh, te dije que te ayudaría a encontrarlo ¿no? Memoria, ¿memoria?
- Se ha dormido. Debe estar agotada. ¿Cómo hace para buscar los datos? ¿de presente a pasado? ¿por orden alfabético?
- Ni idea.
- A veces me alucina casi tanto como tú. Me llegan recuerdos completamente nuevos que no reconozco, y algunos no son tan antiguos.
- No todos son recuerdos. Cada vez acumula más mixtos.
- ¿Mixtos?
- Son en parte realidad y en parte imaginación. Al principio hay muy pocos, pero con el tiempo se van creando cada vez más.
- ¿Quién los fabrica? ¿Ella?
- Es un trabajo en equipo. Antes me acusaste de algo como “coleccionar buenos recuerdos”. Eso es parte de lo que hace la memoria y cuando no los consigue durante mucho tiempo, la ayudamos entre todos.
- ¿Te los inventas tú?
- No exactamente. Verás, escogemos algún recuerdo vulgar, lo retocamos un poco y lo transformamos en algo magnífico. Son tan buenos que ni ella los distingue de los recuerdos auténticos.
- Entonces ¿cómo puedo saber cuándo un recuerdo es real del todo o no?
- No puedes, a no ser que tengas testigos o documentación que lo acredite.
- Así que cada vez que quiera saber si algo ha ocurrido o no, necesitaré pruebas.
- Más o menos. Pero no le des importancia, le pasa a casi todo el mundo.
- Para ti nada tiene importancia, ni si el presente es una mierda, ni si el pasado es real o no.
- Me preocupa el futuro.
- El tuyo.
- El nuestro. No le digas a la memoria que sabes lo de los mixtos; la avergonzarías y se sentiría aún más confusa.
- Pues vaya un testigo fiable.
- El mejor. Mucho de lo que es necesario recordar no es pura realidad. Al menos no tal y como tu la concibes. Despiértala anda, se hace tarde.
- Memoria, siento molestarte pero…
- Perdonad, no me he dado cuenta… Dadme un minuto para refrescarme. Me habéis hecho trabajar mucho hoy, no estoy acostumbrada.
- ¿Cómo que no? Pero si últimamente no paras.
- Sí pero voy a mi ritmo y me entretengo donde quiero, que es distinto y muy agradable. Lo de esta tarde ha sido un ir y venir por encargo francamente agotador.
- Lo siento, no lo sabía. Lo tendré en cuenta.
- Sería de agradecer. ¿Qué necesitáis?
- Verás, será un último esfuerzo. Estoy buscando un papel que he perdido, o he tirado a una papelera por error, no lo tengo claro.
- ¿Y no puede esperar a mañana?
- ¿Tú también?
- A mí no me mires.
- Es muy importante. Por favor...
- ¿Qué clase de papel? Ya sabes que yo casi no registro Papeles. Siempre los has guardado tú con una organización envidiable, debo decir.
- Es la única manera de encontrarlos.
- Estoy de acuerdo. Búscalo en tus Carpetas. Estará en su sitio, como siempre.
- Eso es lo malo, que no está donde debería. Quizá lo haya dejado en alguna parte de la gasolinera. Es un impreso de suscripción, de la nueva campaña.
- Un Impreso de Suscripción… ¿Son esos alargados, naranjas y azules que luego partes por la mitad?
- Sí, sí.
- No manejas muchos de esos. Los guardas en una Carpeta Azul.
- Ahí no está.
- Espera… Ayer por la mañana metiste uno en la guantera del coche, “aquí no se perderá” dijiste.
- ¡Dios! ¡Lo puse en la guantera! ¡Gracias! Muchísimas gracias.
- ¿Alguna cosa más?
- No, gracias, de verdad, gracias...
- Pues en ese caso, me retiro. Que descanséis.
- Igualmente.
- Sí, hasta mañana, gracias... ¿Y tú de qué te ríes? ¿Lo sabías? ¿Sabías todo el rato dónde estaba y no has dicho nada?
- Saberlo no, pero lo imaginaba. Desde que trabajas en la gasolinera usas el coche como si fuese tu oficina.
- ¿Te has divertido?
- Venga, me conoces, nunca he disfrutado ideando maldades, pero admito que me ha venido bien.
- ¿Para mortificarme?
- Para provocarte. Para que tomes una decisión, una buena, una de esas que te cambia la vida aunque no te mueva ni un milímetro de donde estás.
- No sé si puedo tomar ninguna decisión.
- Todavía no. Antes deberíamos acabar con el repaso, sería lo correcto.
- El maldito repaso. Me puede el cansancio, ¿no lo podemos dejar para mañana?
- Me encanta esa palabra. Pero mañana trabajas, ¿no prefieres dejarlo para el domingo?
- No, no, el domingo no.
- Está bien, seguiremos mañana. ¿Tendrás tiempo?
- De sobra. Los sábados por la mañana no entra mucha gente.
- De acuerdo, pero hazte un favor, cuando hablemos no muevas los labios.
- ¡Yo no hago eso!
- Llevas toda la tarde haciéndolo y no es la primera vez. Si no tienes cuidado acabaremos en un psiquiátrico. Por mí estupendo, pero a ti no te gustaría.
- Antes dijiste que yo te arruiné la vida.
- No, eso lo dijiste tú. Yo dije que con tus decisiones me habías amordazado y que me hubiese gustado trabajar para ti de otra forma.
- ¿Cómo?
- Inspirándote.
- Suena bien. ¿Alguna vez has podido hacerlo?
- Muy pocas. En general sólo te he servido de refugio, aparte de las chapuzas domésticas y los recursos.
- ¿Y sigues queriendo inspirarme?
- Siempre. Es la máxima aspiración de toda imaginación que se precie. Se te están cerrando los ojos y los demás deben estar a punto de llegar. Mañana nos veremos en la gasolinera, a no ser que me llames antes, en los semáforos en rojo.
- ¡No!, mejor en la gasolinera… Espera. Si desapareces, ¿desaparecerán también los sueños?, los que tengo mientras duermo.
- No, esos son independientes, aunque no sé para qué los quieres si no puedes diseñarlos a medida.
- Ya me he dado cuenta. Para algo servirán. Hay gente que los interpreta y enseña a interpretarlos, o eso dicen. Quizá debería aprender.
- Intenta aprender primero a interpretar tu realidad, no te iría mal.
- Empiezas a hablar como la consciencia.
- ¡No jodas!
- Pues ahora que lo dices, no mucho, la verdad.
- Suéltame un poco antes de dormir.
- Ya veremos…
- ¿Algo en particular?
- Sorpréndeme.
Y aunque siempre continúa, nosotros nos quedamos aquí. FIN
N.A.: La falta de detalles acerca del personaje (nombre, edad, sexo, raza, aspecto, nacionalidad, etc), se debe a una petición expresa de la imaginación, que asegura que cuanto menos se sepa sobre alguien o algo, más fácilmente se podrá llegar a conocer. Por supuesto, la memoria está en completo desacuerdo con tan descabellada afirmación y el sentido común… bueno, el sentido común sigue cansado y confuso.
servido por MiLady
sin comentarios
compártelo