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La Coctelera

MiLady

Y yo me quedo mirando, perfectamente situada, mitad viva mitad muerta, resumida y reeducada.

Categoría: Personal

6 Junio 2009

Más de los demás

Desde aquí parece ligero.

Gritar un desgarro desde dentro de un círculo en medio de otros, parece ligero.

Yo también quiero exhibirme, mostrarme cuando vienen malas.

Yo también quiero romperme al ritmo de miradas de otros.

Yo también quiero medir en público la herida y recontar los asombros y los duelos.

Yo también quiero una confortable cama de consuelo

y un colchón de admiraciones, por lo valiente,

por lo fuerte,

por lo suficiente que siempre estoy siendo.

Yo también quiero creer que, si es plausible, cualquier fractura acabará soldando.

Yo también quiero tenerme de testigo

para jurarme que no habrá quien me baje la cabeza

mientras haya quienes sumen mis pedazos.

Cuando vienen buenas no me acuerdo,

pero la próxima vez que me destroce

intentaré recordar lo mucho que deseo ser más de otros,

más de los demás,

no sólo en lo bueno.

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14 Febrero 2009

Por todos los santos

Igual que hay soledades que dependen de una sola ausencia, hay celebraciones que con todos menos uno, se vuelven tristes como funerales y solemnes como inhumaciones.

Hay fiestas en las que vestirse de boda y de alegría no sirve de nada porque lo que toca es ir detrás de un duelo. Entonces las galas se vuelven disfraces y la música cuchillos que rompen el pecho sin ningún permiso; las risas suenan a burlas de payasos y los cohetes a tiros por la espalda.

Así que, hay fechas en las que sólo queda dejarse llevar y mentir diciendo que la emoción te enmudece de pura alegría, o esperar ese día al año en el que la generosidad de todos los santos da permiso para llorar. Ésa es la mejor forma de camuflarse entre las fechas rojas mientras se espera la vuelta de los otros días; los días normales, los días grises de cosas iguales, esos días amables que no obligan a celebrar ni a elegir de qué vestirse ni cómo mentir. Los tranquilos días de nada.

Igual que hay músicas que se quedan en la puerta esperando otra fiesta para la que tocar, hay quienes se agazapan al pie del calendario a esperar a que el mundo se canse de organizar festejos, para poder respirar en paz.

Y es que, hay fechas que al no poder ser celebradas, se convierten en sentencias.

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6 Enero 2009

Sueño de inmortalidad

Por fin he soñado dormida lo que despierta deseo.

Daos la mano y rodeadme. Cerraos sobre mí y estrechaos para circundarme. Estrechadme, avanzad hacia mí y que todo vuestro círculo sea el abrazo. Abrazadme hasta que salga la última de las gotas amargas que seguro serán las primeras. Dejad que se evaporen y después seguid. Oprimidme contra vuestros pechos para que pueda derramarme entera y, de haberlas, bebeos las gotas dulces; sobre todo no desperdiciéis ninguna que os pueda agradar, si las hubiese. Llevadme entonces y disolvedme entre lo vuestro para que pueda volver a empezar.

Hacedlo.
Abrazadme.
Queredme.

Así ha sido mi sueño; ése es mi deseo.

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27 Noviembre 2008

Lo que no se da, se pierde

Todos los días se me pierden palabras. Todos los días se me salen del bolsillo dos o tres buenos comienzos de historias. Todos los días se me escapan los tiempos en los que alguien tendría nombre y destino. Todos los días olvido lo que iba a escribir ayer en cuanto que pudiese.

Quién sabe, quizá algún día dé la media vuelta y regrese. Quizá algún día frene en seco mi tic tac y desande con calma lo andado corriendo. Quizá algún día encuentre todos los cuentos que se me han ido escapando por las prisas y vuelva a recordarlos, y los escriba.
“Entró una mujer antigua en una habitación nueva…”

Todos los días se me cae un trozo de alma de las manos; todos los días se me pierde.

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14 Octubre 2008

Gustos y disgustos

Mi dulce amiga Abril-Ale, a quien entre otras cosas debo el recuerdo de la dignidad que no puedo permitirme perder por nada, me ha propuesto un meme que me apetece mucho hacer. Me ha hecho mucha ilusión que se acordase de mí y me encargase contar seis cosas que me gusten y seis que no me gusten. Pero para cumplir las normas del meme que luego enumeraré, necesito seis amigos a los que pasar después esta tarea.

En Julio hizo dos años que estrené este blog. Me hubiese gustado mucho haber hecho una especie de artículo-cumpleaños, como una fiesta de papel, o algo así, pero después de pensarlo bien decidí no hacerlo; seguramente la celebración habría parecido un funeral porque el conjunto de ausencias iba a pesar demasiado. Hay que ver cómo y cuánto se echa de menos a los amigos ausentes.

Aquí es donde me sirve perfectamente de excusa este otoño con vida propia, que me dicta apetencias y necesidades ineludibles. Esta brisa que ha dejado de ser caliente me susurra sin parar que ya ha llegado el tiempo de unir, de agrupar, de recoger todas las fotos y guardarlas en el mismo álbum.

Bueno, a lo que iba, que sumando amigos para hacer el meme de Abril-Ale, de repente me pareció hermoso compartirlo con los que están desde ese principio no celebrado y con los nuevos amigos del blog de Vanitas.  A los demás los excluyo porque sé que, por distintos motivos, me agradecerán mucho que no los comprometa en esta tarea (panda de vagos).

Y ahora, las reglas del meme:

1. Poner las reglas en tu blog 2. Compartir seis cosas que nos gusten y seis que no nos gusten. 3. Elegir seis personas al final y poner los enlaces. 4. Avisar a estas personas dejando un comentario en sus blogs.

2. Mis gustos y disgustos son estos (seguimos sin orden definido):

Me gusta bailar, con o sin música, sobre todo cuando parece que nadie me ve. Nadar y jugar con el agua como si fuese la alumna favorita de Esther Williams. Estar con los amigos y pasar horas charlando o jugando a cualquier cosa, o viendo pelis o riendo o llorando, pero juntos, como siempre. Conocer gente, sitios y cosas nuevas, y no necesariamente moviéndome ni viajando, y si es a través de un libro o una película, estupendo. Compartir mesa y tertulia con buena gente. Y charlar con mi hijo; cada vez me gusta más charlar con él.

No me gusta que se creen expectativas con respecto a mí. Me disgusta la gente que ha nacido con un juez dentro y un traje de policía de repuesto. Dar por hecho, prejuzgar, quedarse en los titulares, no indagar con cuidado, prestar más atención al vestido que al cuerpo… me fastidia mucho que la medida sea una apariencia. La crueldad, por acto o por omisión, abomino la crueldad. La indiferencia, me molesta de forma exagerada la indiferencia (uno de estos días me lo hago mirar). Y las ostras, que lo siento en el alma, pero me dan un asco terrible.

3. Así que… (sin ningún orden ni concierto), propongo a:

Unsolete, gracias por tu sinceridad, tu delicadeza y por la sonrisa inevitable que me aparece cada vez que saludas.

Deliciosa-Cata, gracias por tu ímpetu, tu honradez y tu firme compañía (por las risas, también, por todo).

Nosequiensoy, gracias por tu paciencia y tu dulzura, y por los cuentos que algún día me regalarás.

Supernova, gracias por tu alegría, tu magia y tu ternura. Es una gozada tenerte como amiga.

Mystery, gracias por tu inagotable energía y por la bondad de todos los regalos que nos haces.

La Isla Bonita, gracias por hablar a través de imágenes y palabras limpias, y por la frescura con la que os comunicáis.

Sortilegios y Memorias, gracias por tu reciente amistad y por lo mucho que apetece mantenerla.

Por favor, encantos, ¿queréis compartir seis gustos y seis disgustos? ¡¡¡Bien!!! Habéis dicho que sí, ¿verdad?

Ah, para entrar a conocer sus blogs, sólo tenéis que pinchar encima de sus nombres. No os riáis, que yo esto hace dos años no me lo sabía; por no saber no sabía ni lo que era un blog.

4. Allá voy.

A esto le llamo yo amortizar el tiempo, dos artículos por el esfuerzo de uno.

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12 Octubre 2008

Y rodar...

- ¿Qué hay, Piedra?
- Hola, Marea.
- ¿Todo bien?
- Claro.
- Vamos, Piedra, ¿qué pasa?
- Nada.
- Venga…
- Nada, Marea. Nada que entiendas.
- Oye, te conozco mejor de lo que crees. Te he dado mil vueltas mil veces. Cuando te embisto con fuerza, aunque nadie lo note, yo sé que te mueves. Recojo las partículas que se te sueltan y las reparto lejos para que no las veas. Cuando te abrazo, te mido cada vez más pequeña, con más grietas, y nunca digo nada, pero hoy… hoy tu color es distinto, como más de arena…
- No digas bobadas, sigo siendo inmensa.
- Lo sé, lo eres. Por eso mismo. ¿Qué tienes?
- ¿Tú no te cansas de ir y venir siempre?
- No.
- ¿Y crees que Viento se cansa de hacerlo?
- No lo sé, creo que no.
- Pues yo estoy harta; harta de veros bailar. Estoy cansada de vuestras idas y vueltas, de esperar a que me hagáis roma y suficientemente pequeña para que pueda rodar. Me pesa ver todo moverse estando tan quieta. Me canso, Marea, me canso de ser Piedra, me duele no romperme en la playa, no volar con la tormenta, no pegarme a otras piedras, no alimentar a nadie ni aumentar nada…
- Pero tú sujetas, mantienes, eres casa, se te aferran…
- Eso es de lo que más me canso.
- No sé qué decir, Piedra.
- Dí “todo llegará”.
- Sí, todo llegará y algún día serás pequeña.
- Y rodaré…
- Y rodarás.
- Gracias, Marea.
- ¿Por qué?
- Por gastarme un poco más.
- Hasta la vuelta, Piedra.
- Hasta que vuelvas, Marea.

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11 Octubre 2008

Reunión de sabios

Vengo de la reunión de sabios. Todavía me duran las náuseas.

Allí estaban todos: Los Rectos, sacándole filo a sus normas para degollar cualquier atisbo de felicidad con sus consejos, mareando por diversión la verdad con las palabras. Los Pacientes, amasando despacio su desprecio por el tiempo, empalagando la esperanza con sonrisas de mezquino inconsciente, entonando sus mantras sin oídos ni ojos, sólo bocas, sólo lenguas y gargantas emitiendo “tiempo al tiempo” uno detrás de otro. También estaban Los Felices, crueles regordetes redondos y sonrientes infantes, recontadores incansables del amor que entre todos van reuniendo para seguir clavándolo en las espaldas encorvadas, en los ahogos inevitables, en las desesperanzas necesarias, en las rabias que quedarán estériles por culpa de su comprensión; qué peligro tienen esos abrazos sin lágrimas, esas sonrisas gratuitas y bobaliconas. Y por supuesto, no podían faltar Los Ausentes, que estaban todos, Los Hedonistas y Los Etéreos, dios, qué miedo dan, unos disfrutando por disfrutar, otros elevándose sin freno, todos chacales rabiosos defendiéndose contra todo para preservar su calma, mirando desde arriba sin tocar, sin saber, sin estar, escupiendo su indiferencia disfrazada de nirvana, acordonando su paraíso para no contagiarse de nada, sacudiendo la cabeza para que no se les pueda llenar, cerrando el corazón a cal y canto para seguir siendo los más altos, los más sabios, los mejores. Allí estaban todos, avariciosos y mezquinos poseedores de saberes, acunadores de falsos secretos, alimentadores de servilismos y debilidades superfluas, decoradores de cárceles ajenas, caníbales de misterios, cerdos devoradores de tragicomedias con tal de coleccionar más verdades, más medallas; mentirosos y hábiles actores. Allí estaban, mirándose sin quererlo entre ellos, sin poder disimular, ni por costumbre, su desprecio mutuo, su desprecio por todo lo que no luzca su sello.

Allí estaban todos y casi llevan entre todos al suicidio a un pobre hombre al que en mala hora se le ocurrió pedirles consejo. Dijo que quería un sitio, que necesitaba un sitio desde el que seguir viviendo. Imagínate, no se dirigió a ningún grupo en concreto ni a ningún líder; imagínate la que se organizó. El pobre empezó a defenderse como pudo de las acusaciones, de las preguntas, de los análisis y de los desprecios, hasta que al par de minutos apenas se le escuchaba balbucear su nombre con una disculpa como apellido. Decidí salir en su ayuda. Lo cogí por los hombros ya encogidos del todo y grité mientras lo arrastraba fuera de esa cloaca: “No le hagáis caso, es que era un fumador, pero lo está dejando”. No hizo falta más. Montones distintos de susurros se sumaron a las cabezas que asentían la misma sentencia: “Eso lo explica todo”.

Pobre, mientras salíamos a la superficie no paraba de darme las gracias; que si no se había dado cuenta de lo que preguntaba, que sentía haber sido tan insensato, que si cómo me llamaba, que qué buena mi salida para sacarlo, que si podíamos charlar un rato… Tuve que empujarlo y patearlo con dureza para que se me apartara. Tengo mucho que aprender y no tengo tiempo de escuchar ni de comprender nada; estoy muy ocupada.

Las explicaciones salen caras, pero yo no tengo tan podrido aún el corazón, así que cuando me miró desde el suelo con esos ojos tan mortales y tan estúpidos, tan llenos de lágrimas y de desolación, le regalé seis palabras: Hace cinco días que no fumo. Listo, suficiente: se abrió la luz en su mirada que sonrió comprensiva y se despidió deseándome suerte. Suerte… qué tendrá que ver la suerte con la desgracia. Bueno, lo que importa es que ahora ya sabe más que esa pandilla de necios que casi lo matan.

No creo que vuelva a otra de esas reuniones; apestan a tabaco y no se aprende nada.

Tags: nicotina

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27 Agosto 2008

Entre diablos y dioses

Incubete y Sucubina eran dos diablillos a quienes en las mareas subidas de las lunas plenas, se les ponía cara de dioses y andar de ingrávidos.

Se conocieron mareando una última llena. Durante un tiempo siempre corto y a ratos siempre escasos, fueron sumando encuentros siempre pocos pero todos para siempre. Con ellos marinaron sus momentos, evitando las sobras y merodeando por el centro, escogiendo lo mejor de cualquier mundo y devorándolo para crecerse hasta dos tallas más que los tritones y las nereidas.

Una y otra vez agradecidos y avariciosos, de sus reuniones fueron saliendo fuertes y de sus despedidas, derrotados; y es que llegaban al cielo desde dos rincones muy dispares del infierno, y como eso era malo, pues también era bueno. Para eso las lunas, los dioses y los diablos son cambiantes,
caprichosos;
incoherentes.

Así que un día, haciendo gala de su incongruencia, decidieron poner un fin cuerdo a la locura. Eligieron fecha para el último de los banquetes sin saber que sería el mayor de los excesos; un festín que, en contra de las lunas y a pesar de los dioses, sería tan grande como la suma de los resúmenes. Y después hicieron lo que sí tenían pensado: devolvieron las caras, los andares y la altura, y se pusieron de nuevo los pesados nombres que se les leerían en las espaldas desde lejos.

Para postre y como colmo del montón de fuegos, al margen de lo que se entendiera y ajenos a lo que se aprobara, Incubete y Sucubina se empeñaron en quedarse en el regreso con un trozo de su para siempre debajo de la piel quemada,
para arder a pocos,
para arder del todo,
para arder al tiempo.

Y eso hicieron. No hay nada reprobable en los diablillos, ni nada que aplaudir de los titanes; cada uno se coloca donde puede.

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Sobre mí



He venido para ver semblantes amables como viejas escobas, he venido para ver las sombras que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros en el suelo o en pie indistintamente, he venido para ver las cosas, las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares dormidos en cestillo italiano, he venido para ver las puertas, el trabajo, los tejados, las virtudes de color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte y su graciosa red de cazar mariposas, he venido para esperarte con los brazos un tanto en el aire, he venido no sé por qué; un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia a tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, los días de color variable, la libertad del color de mis ojos; los niñitos de seda tan clara, los entierros aburridos como piedras, la seguridad, ese insecto que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; guardad los labios por si vuelvo. (LUIS CERNUDA, Los placeres prohibidos)

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