Me ha parecido que hoy te quejabas, sí, tú, la del espejo. Me ha parecido que no te ha satisfecho mi silencio. Que después de contar tu pobre vida, no he hecho el gesto que esperabas y parece que ha sido eso lo que te ha dolido. "No eres muy sentimental" es lo que has dicho, supongo que por no dejar tu absurdo al descubierto. Yo he sonreído, en lugar de decirte lo que pienso.
No soy sentimental, claro que no. Soy puro sentimiento.
No me intersan tus penas, ni tus sollozos, ni tus suspiros. Ni quién te espera, ni a quién esperas, que la luna os enreda los deseos y cuánto sufrimiento y qué aburrido...
Se me hacen pesados tus desvelos, tus melancolías, tu perderte en nada, tu falta de mapas, tu pobre de tí sin casa, tus lloriqueos de niñita abandonada...
Me aburres. Y me dan ganas de salir corriendo, de dejarte ahí mirando cómo me alejo moviendo la cabeza, negándome a escucharte, a oírte, a leerte ni una sola letra más. Qué aburrimiento.
Todo lo que cuentas, lo que sufres, lo que crees que te quiebra, lo que siempre tengo que escuchar cuánto te apena... me lo sé ya. De memoria me lo sé. Y todo eso y todo lo que te quede por pasar, lo he pasado yo muchas veces. Lo he vivido, no una, mil veces más. No te puedes hacer una idea de lo mucho que sé de lo que cuentas. Sólo hay una pena que tengo por estrenar y esa sí me rompería. Las demás se vencen con el tiempo y se aguanta lo que sea y se deja de llorar.
Pero no saldré corriendo. En lugar de alejarme de tu inútil y redecorado dolor, en lugar de soltar la carcajada que me saque de tu cuento, haré lo que hago siempre que me encuentro con tu cara o con la de uno de los tuyos. Te ordenaré el pelo, te secaré las lágrimas y te daré un beso. Porque para eso me pagas. Para eso me pagan tus sonrisas y las de ellos.
Septiembre 2006

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