Si de mi voluntad dependiese vuestro futuro, si tuviese que enumerar los deseos que a partir del momento de ser enunciados rigiesen vuestras realidades, mi lista empezaría como empezó nuestra amistad, de dentro a fuera. Y, por si en algo puede influir la magia del afecto que compartimos, empiezo así:
Que no os falten sonrisas justificadas o inevitables a diario.
Que vuestros suspiros sean de placer y barran cualquier peso.
Que vuestros pechos se llenen de aire limpio y ligero, para no dejar sitio a la pesadumbre.
Que la suerte sea siempre buena y mucha y sin facturas.
Que la capacidad de amar que demostráis todos los días, siga, todos los días, recién estrenada y tenga los mejores destinatarios
Que estéis siempre en el momento y lugar exactos.
Que reboséis lucidez para distinguir las puertas brillantes de las marcadas con señales de peligro.
Que vuestras oportunidades sean suficientes y de primera mano, para cambiar lo que necesitéis y conseguir lo que soñáis.
Y Bienestar. Sobre todo Bienestar. Que os sintáis afortunados en vuestra propia piel y que estéis tranquilos sea cual sea el trozo de tierra que piséis en cada momento.
Terminaré diciendo que esto es lo que os deseo para el próximo año y, por si funcionase mi conjuro de empeño bienhechor en contra de que lo que la lógica opine, por si acaso, os lo deseo también para el resto de vuestros días que espero que sean buenos, bonitos y baratos.
Elegid cada uno el envoltorio; lo que os mando a todos es lo mismo: mucho cariño.
¡FELIZ AÑO NUEVO!

31 de Diciembre, 2006