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La Coctelera

MiLady

Y yo me quedo mirando, perfectamente situada, mitad viva mitad muerta, resumida y reeducada.

4 Octubre 2007

Una carta y cien años

Dentro de cien años escribiré esta misma carta. Hasta entonces, dejaré ésta envejecer, vigilada por el celo joven de ahora y el rancio de después. Pasearé de tanto en tanto por ella la mirada, con tiento y temor de traspasar esta tinta que irá arrugándose conmigo. Jugaré con las letras sin tocarlas y lameré sin lengua lo que escribo, para no desgastar lo que el tiempo deje sin comer. Será la misma carta, esta misma memoria y las que vengan sumadas, con la misma alegría de saberla cierta y confirmada que tendré al escribirla pasados los cien años.
Tendré que hacerlo porque cuando lea ésta que escribo ahora, querré no haberla leído nunca antes para poder decir “¡oooh! qué inmenso era y qué infinito es”. Y fingiré no recordarla para no poder creer, de tan intenso, de tan para mí, que fue cierto tanto buen amor. Y la abrazaré con tal fuerza por tanto asombro y tanta emoción, que se hará nube de papel en mis brazos. Y por eso la perderé sin remedio de tanto haberla querido.
Será entonces cuando la vuelva a escribir, la misma, la de antes, la de ahora. Y volveré a tardar sólo cien líneas en contar porqué lo supe la primera vez, cómo te fui probando a sorbos pequeños, a catas lentas, a tragos largos, a bocados grandes; reescribiré cuándo me quedé sin nada que quitarme y el momento exacto en el que perdí las ganas de vivir sin abrazarte, y cuál de tus pliegues elegí para extenderme acurrucada e inflarme de aire. Sí, describiré de nuevo dónde decidí que me iba a quedar los próximos cien años, pudiese o no escoger; y quién eres tú y cuánto te quiero siempre.
Cien líneas para repetirlas una a una dentro de un siglo. Para que cuiden de los cien besos por letra que me dará tiempo a darte. Para que mimen los cien ayes suspirados por espacio que iré dejando sin darme cuenta. Para que velen las cien veces por punto que cerraré despacio los ojos, guardándote a este lado de mis párpados mientras sonrío.
Y dirá lo que ya te dije, lo que vuelvo a decirte ahora para que más ojos lo lean, porque ningún pudor bueno o malo es bastante para taparme las ganas desde que amarte es inevitable. Éstas y las sesenta y cinco líneas que las sigan, dirán lo que ya sabes, que lo que celebro desde entonces cada día, es la suerte de recibir a cada rato el regalo de este amor compartido incapaz de dividirse y ansioso de sumarse. Porque mi fortuna primero fuiste tú sin casi conocerte y ahora que te sé, eres tú y cada una de tus cualidades sin condiciones. Tú con cada día que sume en estos cien años eres a quien amo hoy.

Febrero 2007

servido por MiLady 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Odys

Odys dijo

A sus pies, señora.

Cien años no es nada, allí estaré para leer la segunda cuando la primera se deshaga entre tus brazos.

Besos centenarios.

11 Febrero 2009 | 11:44 AM

supernova

supernova dijo

yo ya leí esta carta y la comenté, y ahora lo hago otra vez, osea dos veces, jejeje.Esta es una maravilla de carta q me commovió en su momento y lo ha vuelto hacer....La volveria a leer y comentar más de cien años pues....un sentimiento así creo que no tiene fecha de caducidad.....

BEEEEEEEEEEEESOS A TUTIPÉN CORAZÓN.

11 Febrero 2009 | 02:54 PM

MiLady

MiLady dijo

Íceseme, Sir Odys, que a su edad no se puede andar ya ni por los suelos ni por las ramas. ¿No se ha dado cuenta de que al hallarse en la mediana edad, todo debe ser medido, comedido y mediano para ser armónico y satisfactorio. ¿No? Me alegro, porque el día que se medie, se acabó. ¿Me entendió? Me alegro, porque yo no.

Estoy bastante boba, esto de los premios y la revista y estar a punto de cumplir....
buaaaaa, cuarenta y mierda, buaaaaaa.

Pero lo llevo bien.

Besos cuarentones, pero nada medianos, eh.

PD:
¿Tarás? Entonces, taré.
:-)

12 Febrero 2009 | 12:08 AM

MiLady

MiLady dijo

No, no lo tiene, Super, no puede tener fecha de caducidad algo que conserva en sí mismo una esencia inalterable. Las circunstancias cambian, los caminos se separan y la vida nos va demostrando una y otra vez qué poco de predecible tiene, pero lo que pasó a juntar las letras de esta carta, no cambiará por cien años o mil más que viviese. Fue así, tal cual, y siempre, de una forma u otra, lo será.

Es parte de la magia, la de verdad de la buena. :-)

Gracias por releerla conmigo una vez más, y gracias por esa mano que sigue estando dos años después.

Un abrazo muy muy fuerte.

12 Febrero 2009 | 12:13 AM

Mayte Sánchez García

Mayte Sánchez García dijo

Sin habla me he quedado por la furza, pasión y delicadeza de esta maravillosa carta.
Sentir así es algo que no pasa muchas veces. Ser capaz de expresar este sentimiento es sólo priviegio de unos pocos.
Y tú eres una gran privilegiada que goza del don de la escritura.
¡Enhorabuena por estos premios tan merecido!
Muchos Besos

12 Febrero 2009 | 10:27 PM

MiLady

MiLady dijo

Muchas gracias Mayte. Sí, como algo extraordinario es como yo lo he vivido y como lo conservaré en la memoria, mientras el Sr. Atlzeimer no diga lo contrario. :-)

Un fuerte abrazo.

13 Febrero 2009 | 02:44 PM

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Sobre mí



He venido para ver semblantes amables como viejas escobas, he venido para ver las sombras que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros en el suelo o en pie indistintamente, he venido para ver las cosas, las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares dormidos en cestillo italiano, he venido para ver las puertas, el trabajo, los tejados, las virtudes de color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte y su graciosa red de cazar mariposas, he venido para esperarte con los brazos un tanto en el aire, he venido no sé por qué; un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia a tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, los días de color variable, la libertad del color de mis ojos; los niñitos de seda tan clara, los entierros aburridos como piedras, la seguridad, ese insecto que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; guardad los labios por si vuelvo. (LUIS CERNUDA, Los placeres prohibidos)

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