Espacios en blanco, huecos y agujeros
Ya sé que hay mil cosas mil veces más fructuosas en qué ocupar el tiempo que en clasificar espacios vacíos. Conste que no tenía intención de empezar por ellos, pero tratando de ordenar lo desordenado, es inevitable fijarse en los espacios. Tenía que contar con ellos y al recontarlos me he llevado una sorpresa, porque pensé que todos eran iguales, que todos eran vacíos, pero no imaginaba qué distintos son los en blanco, los huecos y los agujeros.
Los espacios en blanco me han caído bien, son muy simpáticos. Los pobres sobreviven siempre que les dejemos sitio y tengamos cuidado de que no se llenen sin querer. Merece la pena mimarlos, nos dejan en paz y no nos marean con ideas ni decisiones ni actividades de ningún tipo. Están para eso, para no ocupar. Si es que no hacen ni ruido.
A los huecos también les he cogido un cierto cariño y no me ha costado mucho distinguirlos, porque para conseguirlos es imprescindible desplazar cosas o apretujar asuntos. Son espacios en un principio temporales, y la mayoría lo acaban siendo, pero todos sobreviven. Sólo aparecen si se buscan y lo único que hace falta es querer encontrarlos, con independencia de si se puede, se debe, es bueno o malo hacerlos. Es cierto que cuando lo que ocupa el hueco no se queda y, por lo que sea, tiene que marcharse, durante un tiempo permanece vacío y se puede confundir con un espacio en blanco o con un agujero. Pero si se espera lo suficiente, las cosas o los asuntos vuelven a estirarse, toman sus posiciones y el hueco juguetón sale corriendo a esconderse bien escondido para que cuando vuelva a necesitarse haya que buscarlo concienzudamente. Eso no pasa con otros vacíos.
Así como los huecos se hacen, los agujeros, nacen; son otra cosa. No esperan que se les busque, ni dependen de que se tire o se retire nada. Aparecen como por encanto y tienen total autonomía de crecimiento y fijación. Da igual si se quieren o no, y mucho menos si son oportunos o necesarios. Parecen existir por propia iniciativa, ocupan el sitio que les da la gana, y nacen siempre debajo de lo que más queremos. Como granos en un culo, se agazapan y esperan. Cuando lo que sea se va o se aleja lo suficiente, allí aparecen ellos. Da igual que la cosa o el asunto o el sentimiento o la persona quiera volver a sentarse encima de ellos, si le da por volver ya no puede, porque en el ir y venir el agujero se agiganta y ya no hay forma de volverlo a tapar. Y ahí se quedan, prepotentes y maleducados, vacíos como sus espacios pero pesados como piedras, que ni tienen la delicadeza de los huecos de jugar al escondite ni la amabilidad de los espacios en blanco de no romper la cabeza.
Tampoco los agujeros son todos iguales, qué va. Cada uno elige su forma y su profundidad, y compiten por sorprender con sus habilidades. Hasta hay algunos que parecen hermanos pequeños de los negros del espacio, que además de no haber manera de llenarlos, se tragan todo lo que se les acerca. Estos son los que dan más miedo.
Pero bueno, creo que ya sé suficiente de espacios vacíos así que será fácil poner orden en todo lo que se me está acumulando. Usaré todos los huecos que encuentre, y me vendrá bien también algún que otro espacio en blanco, para descansar de vez en cuando mientras ordene. Y con los agujeros... me temo que no hay nada qué hacer.





nosequiensoy dijo
Por estos mares apenas navego, pero siempre me acuerdo de ti. ¡Qué alegría encontrarte de nuevo!
Un beso
20 Noviembre 2007 | 02:37 PM