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La Coctelera

MiLady

Y yo me quedo mirando, perfectamente situada, mitad viva mitad muerta, resumida y reeducada.

26 Noviembre 2007

Sin remedio

- Eh, tú.
Por fin levantó la vista del suelo y me miró directamente a los ojos. Había conseguido llamar su atención. Era la tercera vez que me acercaba hasta allí, deseando que fuera la vencida.

La semana anterior, volviendo a casa ya de noche, me había encontrado a ese curioso personaje en mitad de la calle. Entonces quise pensar que se trataba de alguien de vuelta de una juerga en una parada obligada, pero a la mañana siguiente seguía ahí, más o menos en la misma postura, en cuclillas, abrazándose a su propio pecho y con la cabeza bajada. Por la pinta que tenía a la luz del día tuve que descartar razones tranquilizadoras y no me quedó más remedio que preocuparme, así que salí un poco antes hacia el trabajo para poderme parar a interesarme e intentar echar una mano. Nobleza obliga.
Me había vestido con sencillez para no abrumar con mi aspecto inevitable de clase alta, prescindiendo de adornos delatores. Con mi ropa más desgastada y mi mejor intención me acerqué a preguntar:
- Perdone, ¿se encuentra bien? -su mirada en esa ocasión no subió de mis rodillas y el balanceo desganado de su cabeza me dejó ver una sonrisa llena de desprecio-. Bueno, qué tontería, es evidente que no se encuentra bien. Quería decir que si puedo ayudar, no sé, quizá necesite...
Comida, pensé decir, comida, la dirección de un albergue, dinero, ropa decente, un buen baño... pero no me atreví.
- ¡Lárgate! -bufó.
Modales, lo que necesita con urgencia son buenos modales, mascullé, y me fui tratando de digerir por el camino mi contrariedad. Bonita forma de mandar a paseo la lástima.

Al final del día seguía ahí y no pude dejar de asomarme desde la ventana para comprobar si pensaba quedarse, al menos, otra noche más. Mi preocupación no había tenido buena acogida así que me obligué a intentar deshacerme de ella. Y eso hice durante los dos días siguientes, pero su presencia era independiente a mi voluntad y cerrase o no los ojos, ahí seguía, azotando inmisericorde mi conciencia.

Tenía que volver a intentarlo, pero esta vez había tenido tiempo de ponerme en su lugar. ¿Qué querría yo si no tuviese nada y me negase a subsistir con caridad? Un medio de vida, lógicamente. El dinero no era mi problema y tampoco me faltaban cosas que mandar arreglar o pintar, así que volví a bajar antes de lo habitual, teniendo claro que mi oferta no podía ofender a nadie que estuviese en su sano juicio.

- Si le interesa, puedo conseguirle una ocupación -y otra vez esa sonrisa-. Quiero decir... un trabajo.
- ¡Déjame en paz! -gritó cerrando los puños y golpeándose las rodillas-. ¿Qué coño quieres de mí? ¿Eh?
Que te vayas, pensé decir, que te vayas de mi calle, que desaparezcas de mi vida y yo pueda ir y venir y asomarme a la ventana con tranquilidad... pero no me atreví.
- ¡Lárgate! -repitió mientras yo me alejaba casi corriendo.
Cordura, lo que le falta es un poco de cordura, resonó en mi cerebro y me fui tratando de digerir mi segunda contrariedad. En fin, eso ya no era cosa mía, tendría que dejarlo en otras manos.

Comenté el asunto en el despacho y todos menos uno me dieron la razón. Si al volver a casa seguía ahí, no me quedaría más remedio que llamar a la policía, les pasaría el problema y, por supuesto, no volvería a pensar en ello en lo que quedaba de jornada.

Lo malo de las fisuras minúsculas en las razones de peso, es que acaban abriendo boquetes por los que se cuelan montones de dudas razonables. El décimo de los "nueve de cada diez encuestados" había puesto el dedo en la llaga. El lúcido de turno había comentado que quizá no fuese locura sino desconfianza, que quizá interpretase que mi propuesta era ilegal, un trabajo sucio, que quizá se encontrase en la calle justamente por haberse metido en líos por otro buen samaritano, que quizá... Esa noche no llamé a la policía, ni al día siguiente, ni al otro. No quería cargar con un encierro "quizá" innecesario y en la calle nadie excepto yo mostraba preocupación. Ojalá yo también tuviese una de esas vendas tapalotodo, pero no, nací con conciencia y buen corazón; mala suerte.

Imaginando los posibles pasados de mi problemático enigma, descubrí que el factor más recurrente para que se dé un final tan infeliz como terminar en la calle, además de la mala suerte, es la indefensión. Lo que me llevaba siempre a la misma conclusión: nadie que cuente con el apoyo de seres queridos llega a una situación así. La clave era la falta de amor. Por pura lógica, la solución vendría de la mano del afecto. Más concretamente de mi mano, de mi afecto... Superado el escalofrío inicial, decidí que si no era capaz de ignorar a este toro ni sacarlo a varazos de mi plaza, no me quedaba más remedio que cogerlo por los cuernos. Soy de naturaleza resolutiva, qué le voy a hacer.

La ropa vieja acortaba las distancias, bien. La oferta de trabajo correctamente explicada evitaría ofensas, muy bien. Sólo faltaba compartir lenguaje para hacerme entender sin malentendidos. Usaría la brusquedad a la que parecía haberse acostumbrado y desde ella le brindaría mi apoyo, mi afecto. Bueno, para algo tengo cerebro.

Último intento. Me levanté mucho antes previendo el tiempo que podría durar la conversación, bajé y volví a acercarme esta tercera vez llevando ensayado el "Eh, tú" que consideré más adecuado, a saber, entre desafiante y amistoso.

Su mirada directa me pilló tan por sorpresa que el resto del discurso que llevaba preparado se me atragantó.
- ¿Pero tú de qué vas? ¿Cuántas veces tengo que decirte que me dejes en paz? ¿Es que no me entiendes? ¡Que me dejes en paz, joder! ¡Que no me molestes más! - y empezó a levantar los brazos hacia mí-. ¿Que qué ostias quieres?
Que te pudras, quise decir, que te pudras en cualquier rincón del mundo menos en éste, por imbécil por troglodita o por demente, me da lo mismo, que se te lleven lejos y te encierren y tiren la llave al mar y dejes de medirme la ética y comerme la moral un día sí y otro también... pero no me dio tiempo.
Se puso en pie de un salto y puños en alto inició un rosario de insultos mientras yo corría que me las pelaba hacia mi portal.

Llamé a la policía, a la asociación de los sin techo, al teléfono de la esperanza y a los bomberos, pero cada vez que alguien venía ya se había marchado, como si tuviese un radar de alarma en el cerebro, o en el culo, que era lo primero que levantaba. Si me asomaba a la ventana, me miraba, me amenazaba y se reía, hasta que dejé de espiar. Acabé dejando siempre las cortinas cerradas y cambié la ruta para ir al despacho. No me gustan los sobresaltos, así que no me quedó más remedio que hacer como que no existía.

Supongo que sigue ahí, al acecho, esperando. Pero ya no me da ninguna pena y me importa un pito si se muere de asco o se congela de frío. Y si espera que me rinda, va de ala, que yo de aquí no me muevo. Yo estaba primero. Lo que sí que tengo es miedo, sí, lo confieso. No nací como otros con escarcha en las venas que ni sienten ni padecen, ni se apiadan ni se asustan. Es lo malo de no ser de piedra. Si es que no tengo remedio.

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14 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Nadie Dice

Nadie Dice dijo

Tengo unas líneas de Fonollosa, qué tu manuscrito me ha recordado...

"Un hombre muerto es nada. Sólo un bulto
pequeño, ahí tirado sobre el suelo.

Su incómoda postura en la calzada,
molesta de aquel peso tan inmóvil,
más bien causa aversión que no respeto.

No hay grandeza en la muerte de esos hombres
que mueren, o los matan, en la calle."

Tu grandeza de corazón no es comparable con la dureza del suyo, sean por las circunstancias que sean. Seras el acosador que finalmente es acosado, y el bulto en la calle será el acosado hecho acosador. La moneda gira en el aire, unas veces sale cara y otras cruz.

Me gusta esa cara, ese corazón que no es de piedra y su cruz.
Nadie

27 Noviembre 2007 | 01:26 AM

Cata

Cata dijo

Dices mucho Milady (si, cada uno interpretamos como "buenamente" podemos). Pero dices mucho. Yo a veces si quisiera tener escarcha en las venas... luego ya se me pasa.... pero hay días que me gustaría ni sentir ni padecer!
beszo

27 Noviembre 2007 | 11:56 AM

MiLady

MiLady dijo

NADIE Y CATA:
Gracias :-) y una petición.
Veréis, cuando escribo historias en las que evito definir el sexo y la edad de los protas, la intención es dejar en manos del lector esas decisiones de forma inconsciente. Siempre me propongo preguntar al final del artículo ¿cómo os habíais imaginado a los personajes?, pero nunca lo hago porque me da cierto pudor obligaros a participar de mis intrigas, es como induciros a dejar un comentario concreto y no daros la posibilidad de pasar de decir nada (una libertad que debería ser sagrada). Bueno, que me enrrollo como las persianas. La cosa es que me ENCANTARÍA saber si "vuestros" protagonistas eran hombres o mujeres, jóvenes o viejos, guapos o feos... todo eso.
Lo de la libertad sagrada era un decir, espero que os sintáis asquerosamente comprometidos a contestar. ;-)
Besos a repartir.

27 Noviembre 2007 | 01:35 PM

Cata

Cata dijo

Sin sentirme asquerosamente comprometida a contestar (sabes que me resulta divertido si no no lo haría) siempre adoré los libros interactivos de elige tu propia aventura:

-Personaje 1- Es una chica, morena, pelo corto, liso, raya a un lado, flequillo largo ladeado hacía la cara, ojos verdes, nariz pequeñita, chata y pecosa. Tiene aproximadamente 27 o 28 años, un buen trabajo, un piso pequeñito en una buena zona. Viste vaqueros, camiseta y un jersey (casual que dicen). Mas que guapa es con estilo. Deportivas de colores, calcetines de rayas una bufanda llamativa.... si fuera un dibujo animado sería un dibujo de Jordi Labanda.

-Personaje 2- Es un hombre, tiene barba, canoso, tiene cincuenta y pico años. Ojos azules, pestañas espesas, arrugas, manos de haber trabajado.De joven podría haber sido atractivo, pro está muy cascado (tiene esas pieles "curtidas" como si hubiera trabajdo en el campo o en el mar. Viste un pantalón tostado oscuro y una camisa, no se ve si lleva jersey, lleva algo así como una gabardina. Podría ser un afable abuelo pero la mueca de su cara lo ha convertido en alguien que da miedo, que impone....

(será por imaginación)
:)

27 Noviembre 2007 | 05:00 PM

laluzenmi

laluzenmi dijo

me ha gustado. en especial lo de las fisuras minúsculas en las razones de peso. (iba a ejercer mi sagrada libertad a no decir nada, pero claro, el ser humano es contradictorio y porculero por naturaleza). abrazos.

27 Noviembre 2007 | 05:38 PM

MilLady

MilLady dijo

Cata, eso es mucho más de lo que esperaba. Tal y como los describes, hasta puedo olerlos. Creo que a partir de ahora dejaré la parte de las descriptivas en tu teclado.
Gracias, preciosa, un besote.

27 Noviembre 2007 | 07:46 PM

MilLady

MilLady dijo

Laluzenmi, siempre he defendido el derecho de contradicción y la tuya me ha dado una alegría. Gracias por renunciar a tu sagrada libertad. :-)
Como acabo de decirte en tu blog, es un placer haberlo descubierto.
Un abrazo.

27 Noviembre 2007 | 07:55 PM

sarah

sarah dijo

caray, princesa, qué rebuenos tus escritos.

29 Noviembre 2007 | 03:03 PM

MilLady

MilLady dijo

Sarah, dulce Sarah, gracias de corazón. Eres una levantadora de ánimos nata.
Un beso.
PD:
Ya, ya sé que te he dejado el chiste a güebo. ;-)

30 Noviembre 2007 | 10:25 AM

Nadie Dice

Nadie Dice dijo

Veamos, esto me recuerda a los deberes del colegio. Cuando lo leí la primera vez, pensaba en tí como la prota, y en él como el prota. Rapidamente mi mente pasa a un plano empático, y me pongo en ambas situaciones y me pregunto como hubiera actuado yo y si mis métodos de perseverancia hubieran cambiado la historia, tanto por un lado como por el otro. Cómo ya has leído, mi mente asocia a cosas ya leidas como el trozo de Fonollosa, y seguidamente cambia de tercio.

Ella, la dama que mira por su ventana ver pasar el tiempo: morena, tez blanca, ojos oscuros, con las cosas claras y otras un poco confusas, decidida, locuaz, inteligente, soñadora, trabajadora, observadora...

El, el caballero que mira desde su rincón de la calle al mundo: moreno, despeinado, ojos grandes y expresivos, tez dorada por la calle pero al tacto fría por el clima, barba recortada, lo justo para que pueda abrigar la cara, jersey de cuello vuelto, pantalon de vestir, botas y abrigo negro. Hundido, abandonado, entristecido, feliz por su soledad, enfadado por el mundo por culpa de una mujer, del trabajo, de unos falsos amigos, de miles de golpes de mala suerte en cuestion de días...

Contra más misterioso es el personaje, mas se puede decir de él.
Nadie

2 Diciembre 2007 | 11:17 AM

MilLady

MilLady dijo

Nadie, gracias por "hacer los deberes" y felicidades, acabas de escribir por lo menos, diez historias en una. :-)
Bueno, confesaré a medias. No puedo describir quién hace de "sin techo" porque quiero escribir esta semana (si puedo) otra "visión" del cuento. El "buen samaritano" lo imaginé hombre, de mediana edad, impecable y pulcro, educadísimo y con un concepto de la generosidad bastante típico y equivocado (según mi humilde punto de vista). Es muy divertido ver cómo funciona eso de la imaginación individual. Cata y tú habéis visto mujeres, pero muy diferentes aunque con puntos en común, pero ninguna se parecía en absoluto a mi personaje. Es muy curioso.
Un besazo y gracias otra vez por tomarte la molestia de contarme tu "lectura", que sé que no te sobra el tiempo.

3 Diciembre 2007 | 01:17 PM

mitchell

mitchell dijo

Déjame felicitarte por lo que has escrito, me ha parecido muy bueno.

En cuanto a los protagonistas, me había imaginado al protagonista como una mujer con poco menos de 30 años, de buen vestir, de aquellas que trabajan con traje en perfecta combinación y los domingos viste ropa deportiva. Al "sin techo", inicialmente lo imaginaba como una mujer de poco más de 40 de cabello negro, pero en un momento del relato delatas que es un hombre, y mi imagen cambió a la de un hombre de canas con barba y trage gris, zapatos, sin medias y manos toscas.

Saludos

4 Diciembre 2007 | 03:48 PM

odys

odys dijo

Gran concepto de sí mismo tiene el narrador-protagonista, a quien ese soberbio desgraciado le ha hecho el peor feo que se le puede hacer a un alma caritativa, rechazar la caridad que él no había pedido.

¿Cómo puede atreverse a mancillar así la conciencia de una persona de provecho? Menudo sinvergüenza, no me extraña que se encuentre en la calle.

;-)

16 Mayo 2009 | 10:55 PM

MiLady

MiLady dijo

Si es que los pobres siempre han sido muy desagradecidos, que les das ropa menos agujereada que la que llevan y no aprecian nada el detalle. La caridad es lo que tiene, por eso es cosa de pro hombres y damas de pro.

21 Mayo 2009 | 09:46 PM

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Sobre mí



He venido para ver semblantes amables como viejas escobas, he venido para ver las sombras que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros en el suelo o en pie indistintamente, he venido para ver las cosas, las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares dormidos en cestillo italiano, he venido para ver las puertas, el trabajo, los tejados, las virtudes de color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte y su graciosa red de cazar mariposas, he venido para esperarte con los brazos un tanto en el aire, he venido no sé por qué; un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia a tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, los días de color variable, la libertad del color de mis ojos; los niñitos de seda tan clara, los entierros aburridos como piedras, la seguridad, ese insecto que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; guardad los labios por si vuelvo. (LUIS CERNUDA, Los placeres prohibidos)

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