Sin remedio (II)
- ¿Sabéis algo de Erme?
- Claro que no, te lo habríamos dicho.
- Ya.
- ¿Por qué? ¿Te has enterado de algo?
- No, qué va. Hace unos días creí que había vuelto.
- ¿Te ha llamado?
- No, verás, ¿te acuerdas del chaquetón gordote de cuadros que le regalamos en la última Navidad?
- El que me obligaste a regalarle, sí.
- Bueno, te pagué la mitad.
- Sí, pero lo había comprado para mí y ni lo llegué a estrenar.
- Es igual. El caso es que creo que es el mismo chaquetón.
- No entiendo nada. ¿Has visto a Erme?
- No, al chaquetón.
- Oye, si sabes algo, dilo.
- Que no, que no sé nada. Es que el otro día, viniendo a casa, al doblar la esquina donde está la cafetería, ¿sabes?
- Sí.
- Pues me dio un vuelco el corazón. Creí ver a Erme al lado del portal, esperando. Pero no era. Llevaba el mismo chaquetón, bueno, hecho un asco pero igualito. Yo no podía verle la cara porque estaba como un ovillo, con la cabeza entre las piernas. Mira, qué susto me llevé. Me acerqué temblando...
- ¿Pero no era, no?
- No, no. Pero se le parecía muchísimo. Me quedé delante, para que me viese, pero no se movía. Al final me atreví y le toqué el hombro para que levantase la cara, y cuando me miró, me eché a llorar de los nervios y del alivio. Pobre, creo que se asustó. Es que hubiese jurado que era...
- Pero no era. No le des más vueltas.
- Pero podría haber sido. ¿No te das cuenta?
- No.
- ¿No piensas nunca que Erme podría estar mendigando o muriéndose de frío en cualquier sitio en este momento?
- No.
- Pues yo sí. Cada vez que veo una noticia de...
- Pues yo intento no pensarlo. No sirve de nada.
- Ayer cuando le llevé la comida, volvió a mirarme. Tiene cara de buena gente. Me gustaría saber...
- ¡No hagas tonterías, por dios! No te metas en líos...
- ¿Pero qué líos? Sólo le doy algo de comida caliente...
- ¿Sólo?
- Bueno, y una manta vieja. Es que hace mucho frío.
- Tú has perdido la cabeza. ¿Tú sabes quién es y qué hace ahí?
- No habla mucho... bueno, no ha dicho nada hasta ahora, sólo me mira y sonríe. Yo creo que no me entiende. Le he preguntado por el chaquetón. Me gustaría saber de dónde lo ha sacado...
- ¡Deja en paz el chaquetón!
- ¿Por qué te pones así?
- Porque parece mentira que tengas tan poco sentido común. Esta gente puede ser peligrosa y tú, que bastante tienes con lo que tienes, vas y le llevas comida, una manta y vete tú a saber qué más, que te conozco...
- No me trates como si fuese idiota. Sé lo que hago..
- ¿Lo saben en casa?
- Ni falta que hace. Saldría Erme a relucir y ya me rompieron bastante la cabeza cuando se fue.
- Es que os arruinó.
- Bueno, ya vale, no empieces con eso.
- ¿Y los vecinos qué dicen?
- Ni lo sé ni me importa.
- ¿No les preocupa tener a alguien viviendo en su calle?
- No lo sé, no me relaciono mucho, pero ya sabes cómo es la gente aquí, mientras no moleste, como si no existiese.
- Oye, prométeme que vas a dejarlo ya. Llama a la policía o a alguno de esos sitios donde recogen gente. Tú no puedes hacer nada, son ellos los que se tienen que encargar. Lo miro yo si quieres y te doy algún teléfono. O mejor, ya llamo yo y lo arreglo. Tú no hagas nada más.
- No te molestes, ya han debido llamar. Vinieron a buscarlo esta semana, pero los vio y salió corriendo. Me lo dijo el de la cafetería. Yo creo que llamó él, aunque se hacía el loco cuando lo contaba.
- Pues mira, más a mi favor. Si puede moverse, puede trabajar. Que se busque la vida y deje de vivir del cuento.
- A lo mejor está ilegal o tiene problemas como...
- ¡A lo mejor sólo tiene un morro que se lo pisa! Tú no vuelvas a acercarte, ¿me lo prometes?
- Te oigo y me cuesta creerlo.
- ¿El qué?
- Que hayas cambiado tanto. ¿Desde cuándo tienes el corazón tan duro?
- No confundas las cosas.
- ¿Pero no lo ves? Podría ser Erme ¿Y si alguien dijese eso mismo de que se encarguen otros, o que se busque la vida? ¿Y si se acaba muriendo o ya se ha muerto porque no le importa nada a nadie? ¿Es que no quieres saber si es su chaquetón?
- Mira, tengo que irme, te llamo otro día.
- Ya.
- Cuídate.
- Vale.
- Y no hagas... bueno, un beso.
- Un beso.



Cata dijo
fascinante, cada frase que leo me sugiere algo... es cojonudo... algo que daría tanto para pensar y para hablar (que ambas cosas hacen mucha falta)
besazo!
4 Diciembre 2007 | 10:41 AM