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La Coctelera

MiLady

Y yo me quedo mirando, perfectamente situada, mitad viva mitad muerta, resumida y reeducada.

3 Diciembre 2007

Sin remedio (II)

- ¿Sabéis algo de Erme?
- Claro que no, te lo habríamos dicho.
- Ya.
- ¿Por qué? ¿Te has enterado de algo?
- No, qué va. Hace unos días creí que había vuelto.
- ¿Te ha llamado?
- No, verás, ¿te acuerdas del chaquetón gordote de cuadros que le regalamos en la última Navidad?
- El que me obligaste a regalarle, sí.
- Bueno, te pagué la mitad.
- Sí, pero lo había comprado para mí y ni lo llegué a estrenar.
- Es igual. El caso es que creo que es el mismo chaquetón.
- No entiendo nada. ¿Has visto a Erme?
- No, al chaquetón.
- Oye, si sabes algo, dilo.
- Que no, que no sé nada. Es que el otro día, viniendo a casa, al doblar la esquina donde está la cafetería, ¿sabes?
- Sí.
- Pues me dio un vuelco el corazón. Creí ver a Erme al lado del portal, esperando. Pero no era. Llevaba el mismo chaquetón, bueno, hecho un asco pero igualito. Yo no podía verle la cara porque estaba como un ovillo, con la cabeza entre las piernas. Mira, qué susto me llevé. Me acerqué temblando...
- ¿Pero no era, no?
- No, no. Pero se le parecía muchísimo. Me quedé delante, para que me viese, pero no se movía. Al final me atreví y le toqué el hombro para que levantase la cara, y cuando me miró, me eché a llorar de los nervios y del alivio. Pobre, creo que se asustó. Es que hubiese jurado que era...
- Pero no era. No le des más vueltas.
- Pero podría haber sido. ¿No te das cuenta?
- No.
- ¿No piensas nunca que Erme podría estar mendigando o muriéndose de frío en cualquier sitio en este momento?
- No.
- Pues yo sí. Cada vez que veo una noticia de...
- Pues yo intento no pensarlo. No sirve de nada.
- Ayer cuando le llevé la comida, volvió a mirarme. Tiene cara de buena gente. Me gustaría saber...
- ¡No hagas tonterías, por dios! No te metas en líos...
- ¿Pero qué líos? Sólo le doy algo de comida caliente...
- ¿Sólo?
- Bueno, y una manta vieja. Es que hace mucho frío.
- Tú has perdido la cabeza. ¿Tú sabes quién es y qué hace ahí?
- No habla mucho... bueno, no ha dicho nada hasta ahora, sólo me mira y sonríe. Yo creo que no me entiende. Le he preguntado por el chaquetón. Me gustaría saber de dónde lo ha sacado...
- ¡Deja en paz el chaquetón!
- ¿Por qué te pones así?
- Porque parece mentira que tengas tan poco sentido común. Esta gente puede ser peligrosa y tú, que bastante tienes con lo que tienes, vas y le llevas comida, una manta y vete tú a saber qué más, que te conozco...
- No me trates como si fuese idiota. Sé lo que hago..
- ¿Lo saben en casa?
- Ni falta que hace. Saldría Erme a relucir y ya me rompieron bastante la cabeza cuando se fue.
- Es que os arruinó.
- Bueno, ya vale, no empieces con eso.
- ¿Y los vecinos qué dicen?
- Ni lo sé ni me importa.
- ¿No les preocupa tener a alguien viviendo en su calle?
- No lo sé, no me relaciono mucho, pero ya sabes cómo es la gente aquí, mientras no moleste, como si no existiese.
- Oye, prométeme que vas a dejarlo ya. Llama a la policía o a alguno de esos sitios donde recogen gente. Tú no puedes hacer nada, son ellos los que se tienen que encargar. Lo miro yo si quieres y te doy algún teléfono. O mejor, ya llamo yo y lo arreglo. Tú no hagas nada más.
- No te molestes, ya han debido llamar. Vinieron a buscarlo esta semana, pero los vio y salió corriendo. Me lo dijo el de la cafetería. Yo creo que llamó él, aunque se hacía el loco cuando lo contaba.
- Pues mira, más a mi favor. Si puede moverse, puede trabajar. Que se busque la vida y deje de vivir del cuento.
- A lo mejor está ilegal o tiene problemas como...
- ¡A lo mejor sólo tiene un morro que se lo pisa! Tú no vuelvas a acercarte, ¿me lo prometes?
- Te oigo y me cuesta creerlo.
- ¿El qué?
- Que hayas cambiado tanto. ¿Desde cuándo tienes el corazón tan duro?
- No confundas las cosas.
- ¿Pero no lo ves? Podría ser Erme ¿Y si alguien dijese eso mismo de que se encarguen otros, o que se busque la vida? ¿Y si se acaba muriendo o ya se ha muerto porque no le importa nada a nadie? ¿Es que no quieres saber si es su chaquetón?
- Mira, tengo que irme, te llamo otro día.
- Ya.
- Cuídate.
- Vale.
- Y no hagas... bueno, un beso.
- Un beso.

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Cata

Cata dijo

fascinante, cada frase que leo me sugiere algo... es cojonudo... algo que daría tanto para pensar y para hablar (que ambas cosas hacen mucha falta)
besazo!

4 Diciembre 2007 | 10:41 AM

mitchell

mitchell dijo

El tema está realmente interesante, da para mucho, además toca una fibra sensible: nuestra indiferencia.

Saludos

4 Diciembre 2007 | 03:55 PM

MilLady

MilLady dijo

Cata, pues no será porque nosotras no le ponemos empeño a eso de hablar. Sí, estoy con vosotros en que el tema da para mucho. Gracias por todas esas cosas tan bonitas que siempre dices. Un besazo.

4 Diciembre 2007 | 10:20 PM

MilLady

MilLady dijo

Mitchell, me alegra mucho que te hayan gustado estas historias. Sólo queda una que espero poder publicar hoy, si LC está de humor, claro. La mendicidad es un problema tan vergonzoso para los gobernantes como para los ciudadanos, o debería serlo. Es complicado y hay sensibilidades muy distintas al respecto, pero no puedo dejar de pensar que si consideramos que un país es tan próspero que gran parte de la población tiene dos viviendas en propiedad y que se permite el lujo de adornar sus calles en estas fechas con millones de bombillas, no se le puede consentir que deje a su gente tirada en la calle por mucho que intenten justificarlo. No soy economista, pero ese tipo de cuentas son fáciles de hacer.
Me has hecho revisar con lupa la primera para descubrir dónde delato que el mendigo es un varón y no he conseguido dar con el desliz. Me fastidia porque eras el único que había visto a una mujer. Ya me contarás.
Un abrazo fuerte.

4 Diciembre 2007 | 10:31 PM

odys

odys dijo

¿Pero era o no era Erme? Porque igual sí era Erme pero la razón le dijo que no podía ser Erme... Y si la razón lo dice, ya no puede serlo.

16 Mayo 2009 | 11:01 PM

Marián

Marián dijo

Adivina adivinanza la respuesta: Who.....

Sí, eso mismo. Hazle caso a la razón.
:-)

21 Mayo 2009 | 09:48 PM

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Sobre mí



He venido para ver semblantes amables como viejas escobas, he venido para ver las sombras que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros en el suelo o en pie indistintamente, he venido para ver las cosas, las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares dormidos en cestillo italiano, he venido para ver las puertas, el trabajo, los tejados, las virtudes de color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte y su graciosa red de cazar mariposas, he venido para esperarte con los brazos un tanto en el aire, he venido no sé por qué; un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia a tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, los días de color variable, la libertad del color de mis ojos; los niñitos de seda tan clara, los entierros aburridos como piedras, la seguridad, ese insecto que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; guardad los labios por si vuelvo. (LUIS CERNUDA, Los placeres prohibidos)

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