Sin remedio III (Resolución)
Había visto mucho más de lo que esperaba en esa semana larga, solitaria y fría, pero no había encontrado lo que buscaba. Repartiendo el disgusto entre el cansancio y la rabia, confiaba en no tener que volver a pasar por algo así. Frustración era la palabra que resumía su estado de ánimo y el cuerpo que lo envolvía no se sentía mejor.
Una semana en la calle, viviendo en medio metro cuadrado al aire y con las comunicaciones imprescindibles como única compañía, había resultado un púgil más contundente que todo su pasado junto. Ya había terminado todo y eso le inyectaba una dosis de ira extra porque, por mucha prisa que hubiese, nada justificaba que retrasasen ni un minuto más ese baño caliente de horas que se había prometido cada uno de esos eternos siete días. Seguía siendo un pelele del que mofarse y se lo hacían saber con saña. Así que esperaba como se espera de los peleles, sin protestar, dejándose abrigar por la asfixiante atmósfera de ese despacho, agradeciendo el café que le calentaba las manos y el estómago, y maldiciéndose por saber que no se atrevería a morder la mano que le ofreciese quien fuese que se dignase a aparecer de una vez.
"Lavar un expediente no es fácil" le había dicho Cerqueira, y su mancha no era de las que se iban sólo con jabón. Ser el último mono de un caso tan delicado como éste casi parecía un premio comparado con la alternativa de pudrirse en el departamento de archivos. Pero la bula exculpatoria había resultado más cara de lo que le pareció cuando aceptó la vigilancia pasiva de veinticuatro horas. "Todo muy real" insistían, "si te descubren no podremos salvarte el culo, ah, y al loro con los de la comisaría del distrito, no saben nada y pueden ir a por ti". Día y noche, sin poder ir ni un rato a casa, "sólo tres paradas para recoger la comida en el agujero, no podemos sustituirte"; sin compañeros cerca o a la vista, "dos levantaríais sospechas"; sin hablar con nadie "no dejes que te tapen el objetivo ni te distraigan"; con un micrófono, una cámara minúscula camuflada en un mitón y un par de armas nada convincentes en los bolsillos por todo apoyo, "y tu intuición, que por eso te hemos escogido"; y con un "tendrás que buscarte la vida, como ellos" de despedida.
Ahora todos estaban decepcionados y enfadados. Ningún resultado, ni siquiera una pista que llevase a otra. Pero qué más daba, no podían reprocharle nada, había cumplido y eso nadie se lo podría negar. Una calle tranquila y poco transitada debería haber descubierto con precisión cualquier movimiento sospechoso así que, o bien se habían equivocado de dirección, o habían subestimado el poder de camuflaje de la calma.
Sólo quería borrarlo todo cuanto antes, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas alrededor de las pocas escenas de esa semana que no estaban vacías. No repasaba su trabajo, se estaba recreando en lo que había llenado su día a día esa semana. Era increíble que sólo hubiese tenido que espantar a una persona. No acababa de entender que sólo se le hubiesen acercado dos en todo ese tiempo. El mundo olía peor que su ropa. Le indignaba tanto la falta de interés como el exceso de curiosidad porque, a pesar de la aparente indiferencia, le constaba que su presencia se había convertido en la comidilla del barrio. Oía a los vecinos hablar y especular entre ellos al pasar por delante, sin ningún pudor de ser oídos, como si de verdad no existiese. "Sí, que te digo que es, seguro, que por eso le baja comida todos los días, pero no debe querer que se vuelva a meter en casa, y no me extraña". Bla, bla, bla. Apestaban.
Por fin se abrió la maldita puerta.
- Bueno, pues ya te puedes ir. Están pasando a limpio tu informe y no creo que te necesiten -era el mejor saludo que podía esperar-. Tómate un par de días. Luego te incorporas a tu departamento, como siempre -la sonrisa condescendiente que acompañó al "como siempre" confirmaba su perdón. Castigo zanjado.
Dejó una milésima de segundo la mano en el aire antes de estrechar la de Cerqueira con desgana. Nunca sabría lo cerca que había estado de perderla de un mordisco.
- Necesito una información que tiene que ver con todo esto. Es importante -dijo antes de salir del despacho.
- Ya no estás en el caso, si hay algo que no esté en el informe, deberías decirlo.
- No, es personal -y dejó encima de la mesa del inspector lo que había estado apretando entre las manos-. Quiero saber de dónde habéis sacado este chaquetón.
FIN




sinperdon dijo
Vaya. me he leido l tercera parte sin saber nada de las otras dos...
Ando muy perdido ultimamente...En fin completaré la lectura. Me gusta tu estilo.
un beso sinperdoniano
4 Diciembre 2007 | 10:48 PM