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La Coctelera

MiLady

Y yo me quedo mirando, perfectamente situada, mitad viva mitad muerta, resumida y reeducada.

4 Diciembre 2007

Sin remedio III (Resolución)

Había visto mucho más de lo que esperaba en esa semana larga, solitaria y fría, pero no había encontrado lo que buscaba. Repartiendo el disgusto entre el cansancio y la rabia, confiaba en no tener que volver a pasar por algo así. Frustración era la palabra que resumía su estado de ánimo y el cuerpo que lo envolvía no se sentía mejor.

Una semana en la calle, viviendo en medio metro cuadrado al aire y con las comunicaciones imprescindibles como única compañía, había resultado un púgil más contundente que todo su pasado junto. Ya había terminado todo y eso le inyectaba una dosis de ira extra porque, por mucha prisa que hubiese, nada justificaba que retrasasen ni un minuto más ese baño caliente de horas que se había prometido cada uno de esos eternos siete días. Seguía siendo un pelele del que mofarse y se lo hacían saber con saña. Así que esperaba como se espera de los peleles, sin protestar, dejándose abrigar por la asfixiante atmósfera de ese despacho, agradeciendo el café que le calentaba las manos y el estómago, y maldiciéndose por saber que no se atrevería a morder la mano que le ofreciese quien fuese que se dignase a aparecer de una vez.

"Lavar un expediente no es fácil" le había dicho Cerqueira, y su mancha no era de las que se iban sólo con jabón. Ser el último mono de un caso tan delicado como éste casi parecía un premio comparado con la alternativa de pudrirse en el departamento de archivos. Pero la bula exculpatoria había resultado más cara de lo que le pareció cuando aceptó la vigilancia pasiva de veinticuatro horas. "Todo muy real" insistían, "si te descubren no podremos salvarte el culo, ah, y al loro con los de la comisaría del distrito, no saben nada y pueden ir a por ti". Día y noche, sin poder ir ni un rato a casa, "sólo tres paradas para recoger la comida en el agujero, no podemos sustituirte"; sin compañeros cerca o a la vista, "dos levantaríais sospechas"; sin hablar con nadie "no dejes que te tapen el objetivo ni te distraigan"; con un micrófono, una cámara minúscula camuflada en un mitón y un par de armas nada convincentes en los bolsillos por todo apoyo, "y tu intuición, que por eso te hemos escogido"; y con un "tendrás que buscarte la vida, como ellos" de despedida.

Ahora todos estaban decepcionados y enfadados. Ningún resultado, ni siquiera una pista que llevase a otra. Pero qué más daba, no podían reprocharle nada, había cumplido y eso nadie se lo podría negar. Una calle tranquila y poco transitada debería haber descubierto con precisión cualquier movimiento sospechoso así que, o bien se habían equivocado de dirección, o habían subestimado el poder de camuflaje de la calma.

Sólo quería borrarlo todo cuanto antes, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas alrededor de las pocas escenas de esa semana que no estaban vacías. No repasaba su trabajo, se estaba recreando en lo que había llenado su día a día esa semana. Era increíble que sólo hubiese tenido que espantar a una persona. No acababa de entender que sólo se le hubiesen acercado dos en todo ese tiempo. El mundo olía peor que su ropa. Le indignaba tanto la falta de interés como el exceso de curiosidad porque, a pesar de la aparente indiferencia, le constaba que su presencia se había convertido en la comidilla del barrio. Oía a los vecinos hablar y especular entre ellos al pasar por delante, sin ningún pudor de ser oídos, como si de verdad no existiese. "Sí, que te digo que es, seguro, que por eso le baja comida todos los días, pero no debe querer que se vuelva a meter en casa, y no me extraña". Bla, bla, bla. Apestaban.

Por fin se abrió la maldita puerta.
- Bueno, pues ya te puedes ir. Están pasando a limpio tu informe y no creo que te necesiten -era el mejor saludo que podía esperar-. Tómate un par de días. Luego te incorporas a tu departamento, como siempre -la sonrisa condescendiente que acompañó al "como siempre" confirmaba su perdón. Castigo zanjado.
Dejó una milésima de segundo la mano en el aire antes de estrechar la de Cerqueira con desgana. Nunca sabría lo cerca que había estado de perderla de un mordisco.
- Necesito una información que tiene que ver con todo esto. Es importante -dijo antes de salir del despacho.
- Ya no estás en el caso, si hay algo que no esté en el informe, deberías decirlo.
- No, es personal -y dejó encima de la mesa del inspector lo que había estado apretando entre las manos-. Quiero saber de dónde habéis sacado este chaquetón.

FIN

servido por MiLady 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sinperdon

sinperdon dijo

Vaya. me he leido l tercera parte sin saber nada de las otras dos...
Ando muy perdido ultimamente...En fin completaré la lectura. Me gusta tu estilo.
un beso sinperdoniano

4 Diciembre 2007 | 10:48 PM

MilLady

MilLady dijo

Jajaja! Bueno, supongo que leerlos al revés no será igual. Espero que no te aburras demasiado ahora que ya sabes que el asesino es el mayordomo.
Un beso.

5 Diciembre 2007 | 09:46 AM

Cata

Cata dijo

Inquietante final.
Me ha encantado... Aunque mi sensación es como de "que bien se nos da mirar hacia otro lado". Por fortuna no a todos.
Besazo Milady y feliz mañana!!!!

5 Diciembre 2007 | 09:48 AM

MilLady

MilLady dijo

¡Buenos días, Deliciosa Cata!
Pues sí, me temo que la realidad en general es ésa. Pero bueno, tampoco pretendía darle tantas vueltas al tema, ya sabes, me entusiasmé con la idea de contarlo desde ángulos distintos, con narradores y estilos distintos, y al final ha resultado ser más un juego literario que una demanda seria. He intentado que la "resolución" le quitase algo de aridez. Ves, yo también he mirado para otro lado.
Bueno guapísima, ahí te va un beso grandote.

5 Diciembre 2007 | 10:03 AM

Cata

Cata dijo

ya solo el planteamiento de la historia demuestra que no eres muy de mirar hacia otro lado (bueno eso, y que yo lo se)
:)

5 Diciembre 2007 | 10:06 AM

MilLady

MilLady dijo

:-)
Un beso y ya sabes, si tienes puente, disfrútalo, y si no, también.

6 Diciembre 2007 | 12:32 PM

mitchell

mitchell dijo

Me quedo con las dos primeras partes, no es que no me guste la última, sino que las anteriores me parecieron muy buenas, como que a esta le falta algo más de profundidad.

Saludos

14 Diciembre 2007 | 06:35 PM

MiLady

MiLady dijo

Mitchell, coincido contigo en que esta última visión es la más floja de las tres. En un principio iba a ser la de alguien que vive en la calle, pero me pareció de una presunción hiriente hablar desde su piel, casi una falta de respeto, así que aproveché mis ganas de dejar de dar vueltas sobre algo que me entristece inevitablemente y me di un respiro jugando al "pero si no pasaba nada". Como le comenté a Cata, ha sido una forma de mirar hacia otro lado.
Voy a aprovechar que puedo disponer de un ordenador estos días para pasarme por vuestras casas y felicitaros las Fiestas. Espero que las disfrutéis mucho.
Un fuerte abrazo.

24 Diciembre 2007 | 10:27 AM

odys

odys dijo

!Dios mío!! No hay escapatoria posible, ¿verdad? Son los chicos de Esperanza Aguirre en una labor de seguimiento interno, y el chaquetón, evidentemente, es el de Camps! :D

Genial, me ha encantado, siempre es un placer leerte, la vista resbala cómodamente sobre las palabras y resulta un auténtico fastidio cuando has llegado al final y ves que ya no hay más.

Biquiños.

16 Mayo 2009 | 11:08 PM

MiLady

MiLady dijo

Perdona pero mis sin techo tienen mucho mejor gusto que Camps.
:-(

Me alegra que lo disfrutes.
:-)

21 Mayo 2009 | 09:51 PM

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Sobre mí



He venido para ver semblantes amables como viejas escobas, he venido para ver las sombras que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros en el suelo o en pie indistintamente, he venido para ver las cosas, las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares dormidos en cestillo italiano, he venido para ver las puertas, el trabajo, los tejados, las virtudes de color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte y su graciosa red de cazar mariposas, he venido para esperarte con los brazos un tanto en el aire, he venido no sé por qué; un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia a tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, los días de color variable, la libertad del color de mis ojos; los niñitos de seda tan clara, los entierros aburridos como piedras, la seguridad, ese insecto que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; guardad los labios por si vuelvo. (LUIS CERNUDA, Los placeres prohibidos)

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