Sin princesa no hay cuento
Hoy me he enfrentado a una crisis temática importante. Por mucho que yo insista en no asomarme para no ver qué tal van las cosas por ahí fuera, las cosas siguen su ritmo sin mí, y este latoso pensamiento me ha complicado un poco la vida.
El caso es que hoy me puse a escribir un cuento de Navidad para mi hijo que iba sobre una princesa que necesitaba un consejo, y cuando tenía a todos correteando por la corte, revolucionados por su problema, me di cuenta de que algo no iba bien. ¿Tenía sentido seguir manteniendo a las princesas como protagonistas inamovibles de nuestras elaboraciones fantásticas? ¿Pintan de verdad algo en nuestros días reyes y príncipes como para que sigan sentándose en los tronos literarios? ¿No debería actualizarme un poco? Y ya no tanto por hoy mismo, sino por los tiempos futuros. Pensé en los hijos de los hijos de mi hijo, si es que llega a tenerlos. Cuando lean los cuentos de hoy dentro de, pongamos, trescientos años, ¿cómo sonará lo de las princesas? Absurdo, claro. Y, sin quererlo, se me vino encima esta gran responsabilidad, la de ser fiel a mi presente por el bien de su futuro. Los cuentos, al igual que las leyendas y las canciones populares, son los supervivientes por excelencia de la cultura. No hay invasor ni censura que haya podido con ellos. Si tienen que adaptarse, se adaptan; si hay que cambiar los nombres, los lugares, las costumbres, no hay problema, se cambian. Se hace lo que sea con ellos con tal de que sigan vivitos y coleando miles y miles de años después. Son los resúmenes de los miedos y las esperanzas de nuestros antepasados atravesando intactos las noches de los tiempos y, en muchos casos, las crónicas más exactas que quedan de lo que pasó. ¿No estoy obligada entonces a que los míos reflejen mi época? Aquí empezó mi crisis.
Retomé el cuento desde el principio, y fue peor. Cuando iba por "la hija del Presidente reunió al Consejo", lo volví a dejar. No, no colaba, porque por mucho que se vele por la seguridad de una hija de presidente, todos sabemos que más que venerarla lo que se hace con ella es soportarla. No es probable que la linda presidentita llegue a sentarse a la cabeza de nada, así que difícilmente la nuestra dependerá algún día de ella. Este matiz destrozaba la historia, porque le restaba credibilidad y los cuentos tienen que ser increíbles, pero no tanto.
El caso es que no he podido escribirlo aún, porque no sé cómo enfrentar este cambio. Me encantan los cuentos que he heredado y muchos van, sí o sí, de princesas, que da igual si eran hijas de reyes, nueras de reinas, esposas de herederos o regentas de un principado. Todas eran poderosas y sin la realeza de antes, no hay otra forma de explicar con encanto ese poder absoluto que ostentan algunos y del que deben defenderse los demás; una literaria fatalidad que ha cimentado nuestra historia. Quedan los dioses y los hijos de los dioses, pero estamos en lo mismo. ¿Qué poder tienen los dioses ya? Vale, sí, ahora tenemos, por ejemplo, a los presidentes de las multinacionales o a los dictadores modernos pero, seamos sinceros, no dan el mismo juego, no tienen ese puntito humano de los dioses.
Bueno, más vale que me olvide del presente y del futuro si quiero que mi hijo tenga su cuento esta Navidad. Creo que volveré a ponerle la corona a la chica y ya me encargaré yo de contarle de qué van las princesas. Y en cuanto a los hijos de sus hijos, son ganas de preocuparse a lo tonto, ¿quién va a leer nada de lo que se ha escrito nunca, dentro de trescientos años?




azulperfecto dijo
Ay las princesas... si atendiéramos a la lógica para los cuentos tendríamos que hablar de princesas periodistas que presentaban Telediarios y de Jaime Peñafiel como el malvado de la historia. Pero a veces la lógica actual es ilógica por naturaleza.
Por eso siguen funcionando las historias clásicas de princesas de cuento, porque evocan la magia infantil (que aunque lo parezca, no se ha perdido), porque aún se sueña con ser aquella princesa de bonitos vestidos, corona y bajando las lujosas escaleras de palacio.
Es cierto, la visión infantil de esto se ha actualizado gracias a los nuevos referentes audiovisuales, pero sigue predominando esta idea que si bien es lejana a la realidad, sigue teniendo su interés.
No sé, yo escribo cosas de vez en cuando, pero si me enfrento a un cuento no trato tanto de apelar al tópico de los personajes como a lo que quiero contar, lo que quiero que se transmita. El cómo se transmita o quién sale solamente por cómo se plantea la historia. Es decir, si quiero hablar de naturaleza, por ejemplo, el personaje me sale encuadrado en un bosque (quizás mágico, o no) y puede ser princesa, animal, una persona o incluso un objeto.
No te doy más el rollo jajaj seguro que ya sabes perfectamente cómo escribir xD
Un abrazo :) la princesa del cuento puede dar mucho de sí sin necesidad de ser tópica ni desfasada...
6 Diciembre 2007 | 10:45 PM