¡Hola! ¿Qué tal?
"Hay algo bueno en los calabozos. Una lucidez que sólo brilla en los sótanos olvidados. Una forma de derrota que abre puertas infranqueables durante las victorias. Una humildad que arrasa los decorados. Entonces todo es sencillo, puro, incorruptible. Un desnudo impecable que desfila al otro extremo de la razón.
Abro la puerta. Es pesada. La oigo quejarse lenta y metálicamente. Doy unos pasos que escucho multiplicados por el eco y acaban sonando como si me alejase de mí. No hay globos. No hay luces de colores. No hay voces gritando una sorpresa preparada. Oscuro y solitario, sigue siendo acogedor. Es mi sótano. Carraspeo más ecos. Preparo la primera palabra. Deseo de mentira que sea lo que parezca y no haya nadie. Deseo que estén todos. Vuelvo a concretar mi verbo de extremos tajantes que velan mi tibia e indecisa identidad. La concentro. La pronuncio."
- ¿Qué te parece?
- Bueno, no sé, sigue leyendo y luego te digo.
- ¿Que lo vuelva a leer?
- No, que sigas. Desde donde te has quedado.
- Es que termina ahí.
- ¿Ya está? ¿Eso es todo?
- Sí...
- ¿Eso es lo que vas a editar para retomar el blog?
- Me gustaría, pero no estoy segura, hace mucho que no publico.
- Pero lo tuyo son las historias, no sé, cuenta un cuento.
- Sí, eso después, otro día, pero para empezar, pensé...
- Si es para empezar, saluda, di "hola, qué tal", y luego cuentas un cuento.
- Pues eso he hecho, es mi "hola".
- No me lo puedo creer.
- ¿Qué?
- ¿Lo que has leído quiere decir "hola, qué tal"?
- Más o menos, sí.
- Me pones de los nervios, de verdad. Sé más directa, más clara, más...
- ¿Qué?
- Nada.
- ¿No te gusta?
- No es eso, es que... ¿Qué coño significa lo del verbo y los extremos? ¿Y por qué hablas de sótanos?
- Yo uso muchos extremos y me escudo en ellos, y esto ahora parece un sótano más que un salón de baile, la verdad.
- ¿Y qué tiene que ver con que quieras seguir escribiendo aquí?
- Bueno, no sé, es mi forma de..., en fin, es lo que me salió cuando me puse a escribir. ¿Te parece un poco rebuscado?
- ¿Un poco? No, qué va.
- Es como escribo cuando me dejo llevar...
- Pues contrólate un poquito.
- Yo escribo para mí.
- ¡Venga ya!
- ¿Cómo que no?
- Como que no. Si escribes aquí es para que te lean ¿no?
- Sí, supongo que sí...
- Entonces escribe cosas que entienda alguien más que tú. Y procura cuidar mejor las relaciones públicas.
- ¿Los amigos?
- Sí, los amigos. No tienes muchos.
- Se supone que no es importante que sean muchos, sino que sean buenos.
- Depende.
- ¿De qué?
- De si te gusta que te lean mucho o poco.
- Pues no lo sé.
- Pues averígualo. Y si quieres que te lean mucho, entonces tendrás que buscar más amigos, además de conservar los que todavía tienes. Ya sabes, das unas cuantas batidas a La Coctelera, eliges blogs muy visitados, comentas, bla bla bla...
- Pero si ya no tengo mucho tiempo para leer a todos ahora, ¿cómo voy a hacer para leer tantos blogs?
- ¿Leer? No tienes que leerlos. Sólo el título y el primer párrafo de cada artículo. Luego comentas con una frase corta y listo. En media hora te recorres toda La Coctelera.
- Eso no suena bien.
- Pero da buenos resultados.
- No sé...
- Tú misma.
- Bueno, pero ¿te gusta el texto para el primer artículo o no?
- Voy a hacer café.




carlos cisternas dijo
hola.
te invitamos a comentar en nuestra web.
tienes un blog muy bueno
saludos.
28 Junio 2008 | 06:30 PM