Todos los días se me pierden palabras. Todos los días se me salen del bolsillo dos o tres buenos comienzos de historias. Todos los días se me escapan los tiempos en los que alguien tendría nombre y destino. Todos los días olvido lo que iba a escribir ayer en cuanto que pudiese.

Quién sabe, quizá algún día dé la media vuelta y regrese. Quizá algún día frene en seco mi tic tac y desande con calma lo andado corriendo. Quizá algún día encuentre todos los cuentos que se me han ido escapando por las prisas y vuelva a recordarlos, y los escriba.
“Entró una mujer antigua en una habitación nueva…”

Todos los días se me cae un trozo de alma de las manos; todos los días se me pierde.