Por fin he soñado dormida lo que despierta deseo.

Daos la mano y rodeadme. Cerraos sobre mí y estrechaos para circundarme. Estrechadme, avanzad hacia mí y que todo vuestro círculo sea el abrazo. Abrazadme hasta que salga la última de las gotas amargas que seguro serán las primeras. Dejad que se evaporen y después seguid. Oprimidme contra vuestros pechos para que pueda derramarme entera y, de haberlas, bebeos las gotas dulces; sobre todo no desperdiciéis ninguna que os pueda agradar, si las hubiese. Llevadme entonces y disolvedme entre lo vuestro para que pueda volver a empezar.

Hacedlo.
Abrazadme.
Queredme.

Así ha sido mi sueño; ése es mi deseo.