Y habiendo cumplido con parte de lo que se esperaba, paró y miró alrededor para comprobar que lo había conseguido.

Nadie a sus flancos. Nada a su frente. Todo quedaba detrás, a su espalda.

¿Alguien que preste un trozo más de camino? ¿Alguien que lo trace? ¿Alguien que obligue?

Y habiendo comprobado que no contestaba nadie pues nadie había para escuchar, se dejó tender sobre esas dos calmas bien ganadas: la de haber cumplido con parte de lo que se esperaba y la de no esperar ya tener que cumplir con nadie.

Meta alcanzada.

Adiós, le dijo a su espalda, y también la dejó atrás.